Puerto Rico: Entre la Anexión y la Identidad

Tio Sam y Puerto Rico

*Análisis Internacional, publicado en Marzo, 1997

 

Se ha abierto de nuevo el debate sobre el estatus de Puerto Rico. Según se ha informado, el Congreso de Estados Unidos examina actualmente un proyecto de ley que persigue consular por primera vez a los puertorriqueños, en 1998 sobre la alternativa de estatus, cuando se cumplan cien años de la invasión de Estados Unidos a Puerto Rico.

 

Pero, ¿Qué intereses se mueven a lo interno de Estados Unidos respecto al estatus de la isla? ¿Qué piensan los puertorriqueños al respecto? ¿Se convertirá Puerto Rico en el estado número 51 de la Unión Americana? Desde 1898, al finalizar la guerra hispanoamericana, la isla de Puerto Rico pasó a ser controlada por los Estados Unidos. Pero, luego de la elección de Luis Muñoz Marín como gobernador de la isla en 1948 este introduciría la fórmula de “Estado Libre y Asociado”, la cual regiría el estatus de la vecina isla hasta nuestros días.

 

A partir de entonces, tres posiciones han dominado el escenario político puertorriqueño: en primer lugar, los “estadolibristas” que propugnan por el estatus actual de “Estado Libre y Asociado” basándome en los sentimientos patrióticos, por un lado y en la aceptación de las dependencia económica de Estados Unidos, por el otro; en segundo lugar, están los “estadistas” que propugnan por la anexión, para que Puerto Rico se convierta en el estado 51 de la Unión; y los “independentistas” que platean la independencia pura y simple. Sin embargo, hasta la fecha el pueblo puertorriqueño parece debatirse entre la necesidad económica y el apego a su identidad cultural.

 

En 1967, se celebró un plebiscito para determinar la preferencia de los puertorriqueños en cuanto a las formulas políticas, de Estado Libre y Asociado, Estadidad, o independencia. El 60 por ciento votó a favor del Estado Libre y Asociado, el 39 por ciento por la Estadidad y sólo el 0.60 por ciento lo hizo por la independencia. En el plebiscito de 1993, las opciones eran las mismas y los resultados continuaron favoreciendo al Estado Libre y Asociado. En una encuentra recientemente publica, se revela que cincuenta años después, los puertorriqueños siguen en favor del estado Libre y Asociado con un 45 por ciento del favor popular, contra un 36 por ciento en favor de la anexión y sólo un 4 por ciento por la independencia.

 

A lo interno de estados Unidos, la situación del estatus de Puerto Rico tiene sus bemoles, pues de convertirse en el estado número 51, casi cuatro millones de hispanos adicionales serían elegibles para votar en las elecciones presidenciales, abría dos nuevos senadores y varios diputados hispanos en el Congreso, por primera vez un idioma distinto del inglés sería dominantes en un estado norteamericano.

 

Además, Puerto Rico se constituiría en el estado más pobre de la Unión, pues sus entradas son menos de la mitad de las del estado de Mississippi, el cual es actualmente el más pobre de la Unión. Además, ¿Qué beneficios puede aportar Puerto Rico, donde más del 60 por ciento de su población está en programas federales de beneficencia? En la actualidad la Isla del Encanto es financiada anualmente con la jugosa suma de cerca de 7 mil millones de dólares de fondos federales. Sólo en 1996, recibieron 10 mil millones de dólares para el financiero de varios programas y proyectos. Además, el objetivo militar, uno de los principales motivos de Estados Unidos en Puerto Rico, ha perdido importancias con el fin de la guerra fría. Pero, la creciente importancias del voto hispano en el escenario político estadounidense, ha hecho que el presidente Bill Clinton y los republicanos se hayan pronunciado en favor de cualquier decisión que tome el pueblo puertorriqueño, lo cual le abre el paso a la posición dominante a lo interno de Puerto Rico.

 

Así, al acercarse el nuevo plebiscito, todo apunta a que se mantendrá el mismo estatus de “Estado Libre y Asociado” pues el interés dominante a lo interno estar motivados en asimilar totalmente a un territorio que en principio sólo le reportaría pérdidas económicas y desequilibrio político y racial. Por su lado, los puertorriqueños parecen sentirse cómodos con el actual estatus, pues les aporta importantes beneficios económicos y les permite una relativa autonomía política y una absoluta libertad cultural. Esta gama de interés parece que dificultará en lo sucesivo la aspiración de algunos de convertir a Puerto Rico en el estado número 51 de la Unión Americana y alejaría también el sueño de otros de hacer que la vecina nación un Estado libre y soberano.

 

Gedeón Santos