Privatización y Neoliberalismo Económico

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La Propuesta Neoliberal

 

A partir de los años ´70 la teoría keynesiana de “administración de la demanda” resultó claramente inefectiva para estimular la producción y a su vez resultó ser inflacionaria, dando lugar a un nuevo fenómeno económico: “la estanflación”, que consiste en la combinación del estancamiento con la inflación en un mismo proceso. Es decir, las recetas que se utilizaban para salir del estancamiento, producían inflación, y las que se toman para eliminar la inflación provocaban estancamiento.

 

Las mismas políticas que sirvieron para salir de la crisis coyuntural de los años ´30, atribuible a una falta generalizada de demanda, tenían que fracasar al retornar la economía a los niveles cercanos al pleno empleo. De igual modo, esas políticas estaban llamadas al fracaso en el tercer mundo al ser transformadas en una estrategia de desarrollo; pues a largo plazo el principal cuello de botella en los países pobres no reside en la falta de demanda, sino en la precaria capacidad productiva.

 

Ante esa segunda crisis del capitalismo y del keynesianismo,  y ante la inexistencia de un nuevo paradigma, la emergencia de una nueva doctrina no se hizo esperar. El. “nuevo” modelo, cuyos promotores prometieron que salvaría al capitalismo de la crisis, no es más que el “neoliberalismo”.

 

Este modelo propone el retorno a los viejos principios de la economía clásica liberal de Adam Smith, David Ricardo y John Stuart Mill, pero matizada con nuevos elementos como la “teoría monetaria” y la “teoría de la oferta”. Su misión es eliminar la inflación y el estancamiento económico, que según afirma, es producido por un exceso de dinero en circulación motivado por lo elevados gastos de gobierno;  por lo que recomiendan la contracción monetaria y una disminución del papel del Estado en la economía para que “la mano invisible” haga retornar la economía a su equilibrio natural.

 

El neoliberalismo se sustenta en la idea de que el individuo, al buscar su propio beneficio contribuye al bienestar de los demás, pues, “al perseguir su propio interés promueve el de la sociedad de una manera más efectiva que si esto entrara en su designio”.

 

Las deficiencias del Estado intervencionista

 

Para los neoliberales el Estado es el principal causante de los males económicos por cuanto su participación en la economía comprime la actividad privada que es la parte más dinámica de la producción capitalista. Sostienen que el Estado interventor desincentiva la producción y estimula la ineficiencia, el ocio y el desempleo. Además protege industrias ineficientes, impide el progreso tecnológico, distorsiona los precios del mercado e invade áreas donde el sector privado es más fecundo y eficiente.

 

Por lo tanto, el Estado debe desaparecer como agente económico para darle paso a la libre empresa, al libre mercado y al libre comercio internacional. El Estado debe deshacerse de las empresas que administra, reducir su gasto, eliminar las regulaciones, los controles de precio y de cambio. Así, el Estado volvería a su forma original de “Estado guardián o policía” puesto que sus funciones se limitarían al pasivo papel de garantizar la estabilidad del orden social y vigilar que las leyes del mercado operen libremente.

 

Entonces del “Estado guardián” pasamos al “Estado bombero”, de éste al “Estado productivo intervencionista” para luego volver al “Estado guardián”.

 

El neoliberalismo se desarrolló y tomó impulso bajo los gobiernos de Margaret Thatcher en Inglaterra y de Ronald Reagan en los Estados Unidos para luego extenderse por todo el mundo capitalista a través de las políticas de ajuste estructural del Fondo Monetario Internacional y del Banco Mundial.

Es bajo el pensamiento neoliberal que se desarrollan los procesos de privatización en el mundo, pues como se explicó anteriormente, para los partidarios de esa corriente económica, la propiedad estatal como cualquier otra forma de intervención, entorpece el libre desenvolvimiento de las actividades económicas. La privatización se convirtió entonces en uno de los puntos claves de los proyectos de reforma que se proponían para cambiar el papel del Estado. Amplios debates se llevaron a cabo sobre la viabilidad del Estado como empresario.

 

El modelo inglés

 

Así como la estatización se llevó a cabo por razones marcadamente ideológicas, de la misma manera ocurrió con la privatización. La señora Margaret Thatcher desde su ascenso al Poder en 1979, anunció su intención de cambiar el papel interventor del Estado, pues percibía al Estado benefactor de los Laboristas como un obstáculo para la trasformación social. Creía que debía extirparse el socialismo para que Gran Bretaña, tras abrazar el libre mercado y la empresa privada, retomara su lugar en la nueva economía mundial. La reducción del papel del Gobierno en la economía se convirtió más que en una meta en una obsesión.

 

Para la denominada “dama de hierro”, la privatización era el principal instrumento de reducción del Gobierno, pues la misma incrementa la competencia y la eficiencia dado que el sector privado es más eficiente que el sector público no sólo en la administración de empresas, sino también en los servicios públicos. Y bajo esos argumentos inició el más ambicioso programa de privatización de empresas y de servicios públicos que hasta ese momento hubiera intentando país alguno.

 

El principal instrumento para lograr sus objetivos los constituyó el llamado “mercado de capital popular” que consistía en la venta de acciones de las empresas a los trabajadores y a las masas populares en general, a un precio bajo y con financiamiento blando.
El fin era reforzar en la población la cultura de la propiedad, por lo que tenían que llevar el capitalismo al lugar de trabajo, a la calle y al hogar para hacer  de Gran Bretaña una nación de accionistas. Creían los conservadores, que una nación de accionistas no permitiría que los radicales de izquierda llegaran de nuevo al Poder a estatizarles sus empresas.

 

El sistema de “mercado de capital popular” al acabar con la división entre propietarios y trabajadores, modificaría las actitudes de los sindicatos y aumentaría el apoyo para los conservadores en las elecciones generales. Así, los accionistas individuales aumentaron en la población adulta de 9% en 1983, a 21% en 1987 igualando prácticamente las cifras correspondientes en los Estados Unidos.

 

Además de esos objetivos marcadamente ideológicos, la privatización era motivada por razones macroeconómicas: incremento de dinero efectivo, reducciones de impuestos, disminución de las necesidades de préstamos y reducción del gasto público. Así, los ingresos por concepto de venta de empresas públicas ascendieron progresivamente de 77 millones de libras en 1979-1980 a 4,400 millones de libras en 1986-1987.

 

En la era de Margaret Thatcher el Gobierno vendió (entre muchas otras) empresas de la talla de British Gas, British Telecom, Jaguar, Rolls Royce, British Airways, el Servicio de Ferry Sealink; parte de sus acciones en British Sugar, British Aerospace, British Petroleum y British Steel. También vendió cerca de un millón de viviendas públicas y varias empresas de servicios públicos.

 

El modelo de Estados Unidos

 

Los Estados Unidos presentan un modelo muy particular, pues privatizar no significa lo mismo en ese país que en el resto del mundo. Como se explicó en la primera parte de este trabajo, al Estados Unidos deshacerse de la gran mayoría de las empresas públicas y traspasárselas al sector privado tras concluir la Segunda Guerra Mundial, la privatización no se dio allí bajo la forma de venta de bienes públicos al sector privado, sino que adoptó otra modalidad.

 

Para ellos, privatizar  significaba la contratación de firmas privadas para la realización de tareas que tradicionalmente eran hechas por el sector público, es decir, la delegación de responsabilidades públicas a organizaciones privadas. Esas tareas en su gran mayoría se trataban de servicios públicos que iban desde la fabricación de armas, administración de parques y la dirección de cárceles, hasta la contratación privada para escribir algunos de los más importantes discursos del presidente Ronald Reagan. Desde la contratación de mercenarios para desestabilizar gobiernos, hasta la limpieza de los inodoros de la Casa Blanca.

 

Vale decir, sin embargo, que la privatización como fenómeno fiscalmente ambicioso y cargado de contenido ideológico no es originaria de los Estados Unidos, sino que el mismo fue importado desde Inglaterra, tras la llegada al Poder de los conservadores republicanos con Reagan a la cabeza. Aunque antes de 1980 algunos países habían privatizado empresas estatales, fue en Inglaterra donde por primera vez se desarrolló un proceso profundamente estructural e ideológico de privatización en gran escala. El mérito de los Estados Unidos consistió en la promoción de la privatización al resto del mundo gracias a su incuestionable poder económico y político, y a su decisiva influencia en los organismos internacionales.

 

La teoría de la oferta

 

En los Estados Unidos, todo el engranaje privatizador tuvo como base de sustentación teórica una modalidad de neoliberalismo llamado “teoría de la oferta”.

 

El planteamiento fundamental es que no puede haber demanda de algo que no se conoce, de modo que es inútil que el Gobierno trate de estimular el crecimiento de la producción expandiendo la demanda a través de la creación de dinero y del gasto público, ya que la demanda no crea la oferta, sino que solamente responde a ella. Sostienen que si se estimula la demanda, ésta generaría inflación, recesión y declinación de la productividad. Los productos en el curso de la producción crean su demanda y no a la inversa, decían.

 

Así los problemas de estanflación se resolverían aumentando la oferta. Como uno de los primeros elementos que, según los ofertitas, limitan la oferta son los impuestos, el gobierno debía reducirlos a su mínima expresión. Según el economista Arthur Laffer, uno de los principales ideólogos de la teoría, mediante la tributación progresiva el gobierno grava más a los que ganan más, ocasionando que el Estado absorba ahorros que en vez de destinarse a la inversión por el sector privado, son dirigidos al consumo por el sector público.

 

Entonces, si el gobierno reduje los impuestos ¿de dónde sacará dinero para pagar sus actividades corrientes? Los ofertitas responden: fácil, disminuyendo el gasto, y como se considera que el gobierno gasta mucho porque es ineficiente, para evitar el derroche del gobierno hay que privatizar una parte de las actividades tradicionalmente públicas como forma de reducir el gasto. Luego, la receta es: reducción de los impuestos, reducción de los gastos sociales, privatización y eliminación de controles y regulación del mercado.

 

Pero parece ser que la teoría le quedó corta a la realidad. Con su política de economía de oferta el gobierno de Reagan agravó la situación pues no pudo contener el gasto, y como había reducido los impuestos, el déficit fiscal se disparó  a niveles astronómicos.

 

Para conseguir apoyo al proceso privatizador, Reagan hizo suya la hostilidad del electorado hacia los políticos y su desdén por la burocracia. Pero cuando el Gobierno se comenzó a tornar impopular debido a que el déficit fiscal llegaba  a niveles insostenibles, entonces se recurrió a la vieja idea de la llamada deficiencia inherente del Gobierno en la administración y se invocó a la privatización como forma de eliminar las distorsiones. Fue el colapso de las políticas fiscales de la administración de Ronald Reagan lo que hizo crecer el ambiente privatizador, pues ante la crisis, era uno de los pocos mecanismos de que disponía el Gobierno para enfrentar los problemas. Además la administración pública, ya fuera estatal o federal, aparecía como el chivo expiatorio al que se le achacarían todos los males económicos del país.

 

Gedeón Santos (Extraído de su libro Sistemas Mundiales en Crisis)