Los Ciclos Económicos del Capitalismo

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Introducción

En los últimos tiempos se ha estado debatiendo la posibilidad de que se produzca una catástrofe económica mundial. Y como siempre, aparecen posiciones extremas que por un lado anuncia el apocalipsis del capitalismo, y por el otro, encontramos apologistas que proclaman la inmortalidad del sistema. Ahora bien, ¿qué pasa en la economía mundial? ¿Hacia dónde se dirige el capitalismo? Para comprender las crisis del mundo de hoy, iniciaremos este capítulo estudiando el concepto que intenta explicar las crisis del capitalismo, es decir, los ciclos económicos.

 

El concepto de ciclos económicos

 

En todas las épocas de la historia humana, la economía ha experimentado momentos de auge y declive, de expansión y de contracción. Desde tiempos remotos han abundado las guerras, las epidemias, los desastres naturales, las buenas y malas cosechas y la escasez y la abundancia de dinero; pero el escaso grado de interdependencia de las economías nacionales y mundiales, hacía que esas crisis no se propagan como pasa en la economía de hoy.

 

Sin embargo, el nacimiento del desarrollo industrial moderno, hace más de dos siglos, el cual generó una ampliación de los mercados e introdujo nuevas técnicas de producción, ha hecho que en el capitalismo se produzcan accidentes económicos repentinos que mantienen el sistema en un constante estado de expansión y crisis.

 

Esos accidentes aparecen en forma cíclica y periódica; algunos se presentan en forma violenta, mientras que otros presentan características más leves. A esas variaciones de la economía capitalista los economistas llaman “ciclos económicos”.

 

Los “ciclos” son sucesiones de períodos de prosperidad económica (expansión) y períodos de recesión (contracción). Es decir, son alteraciones económicas que generan alzas y bajas en la inversión, la producción, el empleo, los precios y el consumo. Durante el periodo de expansión o prosperidad, aumentan la renta nacional, el empleo y los precios; mientras que en el período de depresión esas variables tienden a bajar. Se puede decir, que la economía está en ascenso, es fuerte y dinámica, pero cuando desciende entra en un periodo de recesión, que puede conducir a la depresión. Sin embargo, en la actualidad, los economistas consideran que los ciclos no son necesariamente crisis, sino que son variaciones normales que pueden corregirse, ya sea por la acción del mercado o por la intervención del Estado.

 

Tipos y características de los ciclos

 

En el capitalismo los ciclos se pueden encontrar por doquier: ciclos nacionales e internacionales, ciclos empresariales, sindicales, psicológicos, bursátiles, etc. Existen ciclos cortos, de cuarenta meses de duración; ciclos medios, de siete a nueve años de duración; y ciclos de onda larga, de hasta cincuenta años de duración. En los ciclos se identifican cuatro fases: recesión, fondo, expansión y cima; fases que tienden a repetirse una y otra vez en diferentes periodos históricos.

 

Desde finales del siglo XIX se han vivido tres grandes periodos de crisis generales: las depresiones de 1873 a 1893, las de 1929 a 1941 y las de 1973 a 1985.

 

Pero, ¿cómo se producen los ciclos económicos? Las teorías de los ciclos son muchísimas y variadas, imposibles de detallar en este capítulo. Sin embargo, para que el lector tenga una idea aproximada acerca de cómo y por qué se producen los ciclos, expondremos a grandes rasgos las teorías más importantes. Algunos piensan que los ciclos son el producto de fuerzas externas a la economía como guerras, alteraciones climáticas, nuevos descubrimientos, migraciones, explosión demográfica, entre otras variables;  otros en cambio creen que se deben a fuerzas internas de la economía como escasez de demanda, sobreproducción, especulación, exceso de dinero, gasto excesivo del gobierno, deficiencias en el sector bancario, entre otras.

 

Las teorías de los ciclos

 

Los partidarios de la “escasez de demanda” (los keynesianos) plantean que las crisis se producen cuando el producto de una concentración de los ingresos y la producción, los empresarios ganan mucho y gastan poco, y lo poco que gastan lo invierten en actividades especulativas, y no en nuevas fábricas que generan empleos; todo lo cual produce un bajo consumo en la economía, que a su vez afecta a la inversión, haciendo imposible conseguir el pleno empleo de la economía. Según los keynesianos, los ciclos forman parte del sistema y por lo tanto no se pueden eliminar; pero sugieren que los efectos negativos de los ciclos se pueden enfrentar mediante la intervención del gobierno en la economía, a través de instrumentos de política económica como política monetaria, política fiscal o ambas políticas combinadas. De acuerdo con esta corriente del pensamiento económico, esas políticas pueden estimular la demanda efectiva o la oferta total de la economía y desempeñar una función anticíclica.

 

Contrario a los keynesianos, los monetaristas (Milton Friedman entre otros) creen que los ciclos tienen lugar debido a un exceso de dinero en circulación que genera un aumento desproporcionado de la demanda, lo cual provoca un desequilibrio de la economía en su conjunto. Según los monetaristas, esos excesos de la economía son provocados por los elevados gastos del gobierno, al que considera el principal causante de los males económicos, por cuanto su participación en la economía comprime la actividad privada que es la parte más dinámica del capitalismo. Para enfrentar los ciclos sugieren una disminución del gasto público y una política monetaria y crediticia restrictiva.

 

Ciclos psicológicos y políticos

 

Otros autores creen que los ciclos se producen por una “sobreinversión” (Hayek, Mises) más que por una falta de ella. Algunos como J. Schumpeter atribuyen los ciclos a la aparición de importantes innovaciones tecnológicas que alteran las variables normales de la economía.

 

Otros argumentan que los ciclos vienen por razones psicológicas (Pigou), pues consideran que los individuos se contagian unos a otros las expectativas de ganancias optimistas y pesimistas.

 

También está el ciclo político (Edward Tufte). Esta Teoría plantea que en muchas democracias capitalistas el ritmo de la economía depende de los procesos electorales, puesto que los presidentes tienden a una política económica restrictiva los dos primeros años de gobierno y a una política expansiva los años cercanos a las elecciones, lo cual hace que la economía se acelere o se frene en función de los intereses políticos electorales.

 

Por su lado, existen los ciclos de bolsa, que se producen cuando la gente compra bonos porque cree que las acciones de la empresa van a subir. Lo anterior hace que suban los precios de las acciones, lo que hace que la gente compre más  y más.

 

Pero llega un momento en que los precios son in sostenibles y cuando los inversionistas sienten que los precios van a bajar, todos quieren vender las acciones compradas produciendo una baja en los precios y una caída de la bolsa. Existen también los “ciclos provocados por ciclos”.

 

Esto es, cuando los empresarios y los consumidores sienten que se avecina un ciclo o una crisis, toman medidas para resguardar sus bienes  su dinero, lo cual acelera la llegada del ciclo profundizando sus efectos. Es decir, la expectativa de un ciclo puede generar un ciclo.

 

Las crisis del capitalismo y sus recetas

 

En lo que casi todos están de acuerdo sobre los ciclos, es que cada expansión económica engendra una recesión y una contracción, y cada contracción, a su vez, genera una nueva expansión, produciéndose así un ciclo casi interminable.

 

Esto es, los ciclos del capitalismo se parecen a un corcho, como plantea Paul A. Samuelson: “que una vez que dejamos de empujarlo hacia abajo en el agua (es decir, una vez que deja de bajar), emerge de nuevo”.

 

Por lo que se puede decir, que el capitalismo ha demostrado (por lo menos después de la gran depresión de 1929) que contiene en sí mismo las causas que provocan los ciclos y las medicinas para enfrentarlos. Sin embargo, como dice el mismo Samuelson, “el salvaje ciclo económico que arrasó el capitalismo durante el siglo XIX se ha domesticado, pero todavía no es un perro faldero”.

 

Gedeón Santos (Extraído de su libro “Sistemas Mundiales en Crisis”)