Las 8 Crisis de la URSS y El Germen del Colapso

 

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Introducción

 

Fuera Kruschov del Poder en octubre de 1964, la nueva dirección política liderada por Leonid Brezhnev, luego de un polémico intento de cambio en la productividad del sistema, echó a un lado las reformas y la economía volvió a los métodos de centralización absoluta de décadas anteriores. Así que los resultados del retroceso no se hicieron esperar, pues, desde comienzos de los años ´70 el ritmo de crecimiento del Producto Interno Bruto comenzó a disminuir de un plan quinquenal a otro, para descender del 5,3 por ciento en el periodo de 1966-1970, a la dramática cifra de menos seis por ciento (-6%) en 1990. Por primera vez en muchos años, el ritmo de crecimiento soviético no sólo expresaba un comportamiento negativo, sino que era inferior al de los países capitalistas industrializados.

 

 

Estancamiento y crisis económica

 

 

Sin embargo, mientras la economía decrecía, cada año aumentaban los salarios y el consumo sin que fuera avalado por un aumento de la producción, lo que significaba que ni los salarios ni los precios guardaban relación con los resultados económicos, pues las ganancias de las empresas no dependían de la cantidad producida ni de la calidad del producto, sino del cumplimiento del plan. Asimismo, el criterio de “igualitarismo” generó en el obrero un profundo desinterés por el trabajo, por la productividad y la calidad, pues sabían que de todos modos iban a recibir el mismo ingreso.

 

 

La socialización de la agricultura destruyó todos los incentivos de la mano de obra, y la producción de alimentos volvió a decaer. Por su lado, la negativa de la población de comprar productos de mala calidad generó un exceso de dinero en manos de los consumidores, lo que trajo una profunda crisis financiera que sentó las bases de la especulación, el mercado negro y la corrupción.

 

 

La industria por su parte, adolecía de un exceso de planificación burocrática, de concentrarse demasiado en la rama pesada, de no tener una política de cierre de empresas deficitarias, de ser incapaz de responder a los gustos del consumidor y de incapacidad para generar productos que satisficieran la demanda de los mercados. Asimismo, en vez de reconstruir las industrias que ya existían en base a técnicas modernas, se construían empresas nuevas que al final terminaban abandonadas por falta de financiamiento. La mayoría de las industrias de servicio se consideraban como improductivas y criterios como el de calidad total, costo real, investigación de mercado, publicidad y servicio al cliente eran secundarios o no existían, pues se consideraban incompatibles con los principios de administración socialista. El resultado fue una cantidad de proyectos abandonados, una producción basada en el trabajo manual y no en los avances científicos, unos productos de una calidad inferior a los niveles internacionales y un servicio al cliente de pésima calidad.

 

 

El problema social

 

 

La crisis económica hizo disminuir los gastos en salud, educación y demás servicios sociales. Como consecuencia, el estado de la salud pública se deterioró, la mortalidad infantil iba en aumento y la esperanza media de vida de la población descendía.

 

 

Para mediados de la década de los ´80, a pesar de la enorme cantidad de médicos soviéticos, el índice de mortalidad infantil era mayor en la URSS que en Cuba. Pero mientras la esfera social se descuidaba, aumentaba el presupuesto militar, el cual llegó a absorber hasta el 14,5 por ciento del Producto Interno Bruto del país. Ese esfuerzo militar tan grande, no sólo era uno de los mayores del mundo, sino que representaba un freno para el desarrollo económico y para el aumento del consumo de la población.

 

 

En situación especialmente difícil se encontraba el consumidor soviético quien estaba obligado a consumir productos de pésima calidad como resultado de la estandarización extrema, de diseños inadecuados y del acento que se ponía en la producción cuantitativa. Se debía también a que los criterios de producción estaban fijados a partir de metas previamente planeadas que predominaban sobre las necesidades de los consumidores. Puede decirse que los únicos consumidores privilegiados eran las elites de poder y las Fuerzas Armadas. Todo ese deterioro social contrastaba con las afirmaciones del régimen sobre la superioridad del socialismo soviético.

 

Las crisis étnicas y nacionalistas

 

 

La crisis económica y el deterioro social se combinaron con los problemas étnicos y con la crisis de los nacionalismos. En las 15 repúblicas de la URSS existían más de cien grupos étnicos separados, la mitad de los cuales carecía de unidad propia; 112 lenguas reconocidas  con cinco abecedarios diferentes, lo que hacía de la Unión Soviética el Estado multinacional más heterogéneo del mundo.

 

 

 

 

La crisis se tornaba peor, porque a menudo las diferencias de raza y lengua se combinaban con las diferencias religiosas, pues a pesar de que el Estado favorecía el ateísmo, en la URSS había ortodoxos, protestantes, católicos, islamistas, judíos, budistas, etc. Pero el hecho crítico consistía en que la mayoría de las culturas estaban en tensión con la metrópolis (Moscú) y sus vecinos. Esa tensión entre el centro y la periferia fue el resultado natural de cuatrocientos años de expansión y dominio ruso sobre el resto de las nacionalidades, muchas de las cuales alimentaron un profundo sentimiento anti-ruso. Y aunque millones de rusos fueron trasladados a otras repúblicas, y el Estado intentó desarrollar  económicamente las demás regiones no rusas, las diferencias con la metrópolis continuaron.

 

 

También se produjo un rechazo ruso contra las demás nacionalidades, alimentado por décadas de resentimientos al tener que conceder subsidios a las repúblicas más pobres, así como por aversión cultural y por un sentimiento de superioridad. Para muchos rusos, las áreas no rusas  constituían un estorbo del que había que salir cuanto antes. Puede decirse, que las tensiones interétnicas y nacionalistas sólo se mantenían controladas por la ferocidad con que actuaba la policía estatal soviética. Cien años de rivalidades estaban demostrando ser más fuertes que la capacidad de cohesión del socialismo científico.

 

 

 

El conflicto Estado-religión

 

Desde sus inicios, el régimen soviético se caracterizó por una lucha violenta contra la religión a pesar de que la Constitución reconocía la libertad de cultos.

 

 

Durante el periodo estalinista, hubo detenciones en masa, ejecuciones de sacerdotes y obispos, se cerraron numerosas iglesias, los sacerdotes fueron privados de sus derechos civiles y se orquestaron campañas contra las religiones; y tras la muerte de Stalin, el Partido Comunista se trazó como meta en 1961, convertir a toda la población al ateísmo y planteó como un deber de todos sus miembros la lucha contra la religión.

 

 

La base de la lucha anti-religiosa partía de una crítica científico-filosófica que pretendía sustituir la fe en Dios por una concepción científico-atea del mundo. Se sustentaba en el postulado marxista de que la religión era “el opio de los pueblos”. Pero la razón fundamental de la lucha anti-religiosa soviética consistía en que el Partido, en su afán por destruir el capitalismo, relacionaba a la religión con la explotación de la burguesía y con la pasividad política de las masas, pues consideraban que la promesa religiosa de un más allá, desviaba al hombre de la lucha por mejorar el más acá, lo que generaba un “efecto narcótico” en el proletariado.

 

 

Pero los métodos de lucha anti-religiosos resultaron ineficaces y no lograron destruir la fe religiosa de una gran parte del pueblo soviético. Lo que generó en cambio, fue una animadversión de los religiosos contra los “comunistas”, no sólo en la URSS, sino en el mundo, acrecentada luego con el ascenso al Vaticano de un Papa polaco de convicción anti-comunista. El hecho crítico consistió en que el socialismo soviético erróneamente trasladó la lucha del materialismo contra la religión, del terreno meramente académico y filosófico, a la esfera política y social.

 

 

En cambio, el capitalismo no llevó el problema a esos niveles y por el contrario permitió una mayor libertad de cultos, a pesar de que la ciencia occidental partía de una base tan atea como la soviética.

 

 

Aunque el principal error del socialismo fue, no tomar en cuenta que las actitudes religiosas, al operarse en la conciencia del individuo, tienen un profundo valor emocional y social, por lo que puede funcionar como fuente de motivación humana tanto para la lucha reaccionaria como para la revolucionaria. Y sobre todo se olvidó, que los problemas que el socialismo quería erradicar no tenían su origen en la religión, puesto que el mundo no estaba dividido entre religiosos y anti-religiosos, ni entre ateos y creyentes, sino entre “ricos y pobres” y entre “explotados y explotadores”. Al final, la lucha anti-religiosa terminó como un profundo error político de consecuencias fatales para el futuro del socialismo, pues para millones de creyentes en todo el mundo, ser “comunista” era lo mismo que ser ateo.

 

 

La crisis ecológica

 

A todo lo anterior, se le sumaba la grave crisis ecológica que padecía la URSS. La inmisericorde planificación industrial a gran escala terminó emitiendo grandes cantidades de carbono y otros gases contaminantes en la atmósfera. Ríos y lagos fueron afectados por los residuos químicos e industriales, por la extracción de petróleo y por la lixiviación de los suelos sobre fertilizados. Y ni hablar del desastre que provocó la explosión de la planta atómica de Chernobyl, en que, no sólo murieron centenares de adultos y niños, sino que el equilibrio ecológico fue severamente afectado debido a la radiación.

 

 

Toda esa contaminación terminó dañando seriamente los bosques, afectando a la agricultura, contaminando el aire e incrementando los riesgos a la salud de unos habitantes carentes de poder para detener las políticas oficiales. Ninguno de estos problemas salían a la luz por la falta de prensa independiente y debido a que no existía una sociedad civil que sirviera de contrapeso al poder del Partido y del Estado.

 

 

La crisis existencial

 

 

Asimismo, la socialización extrema mató los impulsos de desarrollo, de productividad y de eficiencia de cada persona en particular. La supeditación completa de los intereses del individuo a los intereses del Estado, terminó generando en el hombre y en la mujer soviéticos una profunda crisis existencial que se reflejaba en los elevados niveles de alcoholismo, en la irresponsabilidad laboral, en el parasitismo social y en una pérdida  de esperanza en mejorar el futuro individual y general. El saber que cualquier esfuerzo adicional no mejoraría sus ingresos ni cambiaría su forma de vida, terminó matando el espíritu emprendedor del pueblo soviético, pues el incentivo moral demostró no ser suficiente para el trabajador, especialmente cuando se sabía que los beneficios de dicho esfuerzo sólo servirían para financiar los lujos y los privilegios de las elites del Poder.

 

 

La crisis de legitimidad

 

 

Todas las crisis anteriores se combinaron con una crisis de legitimidad política. El problema básico consistió en que la “URSS, que supo encontrar un modelo para desmontar el capitalismo, no fue capaz de encontrar un modelo que condujera a un socialismo con libertades”. Aunque lo más  contribuyó a la crisis de legitimidad, fue que el socialismo soviético, no logró la sociedad sin clases que había proyectado, pues surgieron castas de burócratas en el Estado, élites de poder en la cúpula del Partido, grupos oligárquicos entre los militares y una gama de grupos de intereses que estaban integrados en función del parentesco, relaciones comerciales, posición académica y relaciones con la cúpula de poder.

 

 

Asimismo, surgieron grandes diferencias de niveles de vida entre el campo y la ciudad y entre unas regiones y otras. Todas esas élites disfrutaban de los más variados privilegios y se repartían entre sí los puestos claves sin someterse al duro juicio de la crítica democrática, mientras que al pueblo se le coartaba toda iniciativa creadora y no se le permitía participar en la elaboración de las decisiones estratégicas de la sociedad.

 

 

Todo lo anterior trajo un proceso de alineación generalizada que provocó una actitud de cinismo de la población contra la política y los políticos, una falta de orgullo por el sistema y una militancia en el Partido Comunista por conveniencia. Asimismo, generó una profunda pasividad de la población frente a la crisis del país y un estancamiento teórico que no permitía ver lo nuevo, ni plantear ni dar soluciones a los problemas. Al final, la pasividad política de las masas no la generó la religión, sino el propio sistema.

 

 

El bloqueo científico

 

 

Finalmente, el socialismo demostró poca capacidad para introducir los progresos científicos en la producción, pues no disponía de un sistema de mercado que generara una demanda para los nuevos productos y procesos. Además, el esfuerzo científico se concentró fundamentalmente en la industria pesada, en la aviación, la ciencia atómica y la investigación espacial, pero estas ciencias respondían más a los requerimientos de la guerra fría que a las necesidades de consumo de la población que más bien demandaba de un desarrollo de la industria ligera (ropa, zapatos, grapadoras, navajas de afeitar, etc.) y de los servicios.

 

 

Asimismo, la ciencia y la tecnología soviéticas se mantuvieron aisladas del mundo exterior, especialmente en el momento en que occidente cualificaba su tecnología, pues el intercambio de información con los países capitalistas era severamente restringido sobre la base de que los intercambios facilitaban la penetración ideológica en contra de los cimientos del socialismo. Al final, el bloqueo tecnológico terminó afectando hasta la industria militar, la cual quedó rezagada ante las modernas tecnologías introducidas en el arsenal armamentístico occidental. Definitivamente, se trataba, como dijera Paul Kennedy: “de una economía y una sociedad que mostraba más signos de estar en retroceso hacia el Tercer Mundo que de estar alcanzando al primero”.

 

 

Gedeón Santos (Extraído de su libro “Sistemas Mundiales en Crisis”)