La Pobreza hace Doscientos Años

Pobreza

 

Hasta finales del siglo XVII, las diferencias en los niveles de desarrollo económico de los distintos países eran pocos importantes. El nivel de desarrollo económico de los países altamente desarrollados era entonces parecido al de la mayoría de los países hoy subdesarrollados. Para la época, todo el mundo, incluyendo a los reyes y a la nobleza, carecía de electricidad, agua potable y drenaje pluvial, no conocían la higiene más básica de hoy en día, sufrían de enfermedades comunes y morían relativamente jóvenes.

 

Todos andaban a caballo, en diligencias comunes o a pies; la comunicación viajaba a la velocidad del mensajero y el transporte era en carretas o en barcos de vela. La energía que se usaba era la humana o la provocada por la fuerza del viento o del agua o la generada por caballos atados a un tronco giratorio, y las pocas máquinas que se usaban eran movidas a mano o haciendo uso de los países de la tierra, eran lo que hoy llamaríamos “pobres”.

 

Revolución industrial y pobreza

 

Pero la Revolución Industrial cambiaría radicalmente el panorama, pues en menos de dos siglos, el nivel de vida de los países afectados por dicha revolución se multiplicó por más de 15, el volumen de los intercambios internacionales por más de 100 y el de la producción mundial de bienes industriales por más de 200. La Revolución industrial implicó cambios profundos en el modo de vida de la gente, en la relación entre el campo y la ciudad, en la técnica y la ciencia, en la producción, la energía, las comunicaciones y en el propio pensamiento de los hombres.

 

Así, se crearon gigantescas máquinas electromecánicas que, no sólo eran superiores a la fuerza muscular, sino que podían oír, ver y tocar con mayor exactitud que los seres humanos. Así se obtenían a través del carbón, del gas y del petróleo. A su vez la energía eléctrica permitió la creación de multitudes de productos industriales tales como textiles, químicos, utensilios, fabricación de automóviles, ferrocarriles, etc., de las cuales salieron millones de nuevos productos como teléfonos, radio, relojes, juguetes, jabón, champúes, cámara fotográficas, etc.

 

Radical cambio de vida

 

Se crearon también, grandes barcos a vapor, ferrocarriles, automóviles, etc., lo cual implicó la construcción de grandes carreteras, puentes y puertos marítimos. Surgieron poderosos medios de comunicación como la imprenta y el telégrafo, y posteriormente el teléfono, la radio y la televisión. Todos esos cambios implicaron una trasformación de las relaciones del trabajo, de los sistemas de educación y salud y del comercio.

 

Esta expansión económica y técnica permitió favorecer los procesos científicos, que a su vez fecundaron el desarrollo económico hasta llegar a ser uno de los motores esenciales del crecimiento económico actual. Es decir, la vida de la gente afectada por dicha revolución cambió radicalmente, por lo que se puede decir, que hasta la Revolución Industrial todos los países del mundo eran subdesarrollados. Entonces, para hablar de pobreza y de subdesarrollo hay que partir de ese acontecimiento histórico, puesto que antes de la Revolución Industrial no existían parámetros definidos para medir el desarrollo. Así, se puede decir, que los niveles de vida y de desarrollo económico comenzaron a evaluarse a partir de la capacidad de cada individuo o de cada uno de los productos de esa revolución industrial.

 

Ganadores y perdedores de la revolución

 

Sin embargo, la Revolución Industrial, y los imperios que la llevaron a cabo, generaron ganadores y perdedores, pues por un lado especializaron a unos países en exportadores de materias primas y mano de obra barata y a otros en exportadores de productos terminados de alto valor agregado. Así llegaron los países del Tercer Mundo al comercio internacional, como parientes pobres en un sistema de intercambios desiguales en que los ricos vendían a precios caros y los pobres a precios de miseria. Esto aumentaba la dependencia de la periferia como compradores y vendedores del centro del capitalismo mundial, lo cual abría una brecha entre países ricos y pobres que se ha ido ensanchando con el tiempo hasta generar un círculo VICIOSO de pobreza y un círculo VIRTUOSO de riqueza.

 

Un estudio publicado por el Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD) en 1999, revela un ensanchamiento en la brecha que separa a los países ricos de los pobres, según el estudio, la distancia entre el país más rico y el más pobre del mundo era para 1820 de 3 á 1, para pasar a una diferencia de 11 á 1 en 1913; 35 á 1 en 1950; 44 á 1 en 1973 y de 72 á 1 en 1992. Según el Banco Mundial, para 1990 el 18 por ciento de la población mundial producía y se beneficiaba del 66 por ciento de las riquezas mundiales.

 

La esperanza derrotada

 

Sin embargo, los sorprendentes éxitos de la Unión Soviética y de Japón en materia de industrialización y en el aumento de la renta percápita y de los niveles de vida, suscitaron la esperanza de una solución sencilla al problema de la pobreza y del subdesarrollo en el resto del mundo. Se pensó que bastaría con favorecer una industrialización lo más rápida y completa posible para que nuestros pueblos salieran de la miseria, pero cuarenta años después, nos enfrentamos a la cruda realidad de que las cosas sigan mucho de ser y tan simples como se pensaba. Hoy, sólo un pequeño grupo de países ha logrado un considerable desarrollo industrial así como aumentar su participación en los beneficios de la riquezas mundiales para ubicarse en los países de rentas medias; y solo un país, Japón, ha logrado incorporase a la selecta lista de países altamente desarrollados.

 

Pero a pesar de los fracasos y de los éxitos relativos, romper el vicioso de la pobreza continúa siendo la meta de las políticas económicas de todos los gobiernos del Tercer Mundo, pues el problema de hoy no es buscar los culpables de nuestra pobreza, ni esperar con los brazos cruzados que el sistema se derrumbe, como en otras épocas, sino transformar nuestra realidad escogiendo lo mejor de las experiencias pasadas y presentes en materia de desarrollo económico.

 

La distancia entre el país más rico y el más pobre del mundo era de alrededor de 3 á 1 al 1820. Los británicos por ejemplo, tenían para 1820 un ingreso que era alrededor de 6 veces superior al de los etíopes en 1992, lo que quiere decir que los británicos eran pobres comparados con el desarrollo de hoy (PNUD), 1999.

 

Gedeón Santos

(Tomado de su libro: “El PLD Frente a la Pobreza y la Globalización“)