La Migración Internacional en la Economía de Hoy

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“Es imposible mantener los pies secos si llueve sobre nuestro vecino”. (Proverbio chino) “El buen hijo por su mejoría hasta su casa dejaría” (Frase popular)

 

Hasta el siglo XIX, la migración internacional no despertaba gran preocupación, pues no existían pasaportes ni guardias fronterizos, por lo que la libertad internacional de tránsito era casi absoluta. Antes de la revolución industrial los campesinos y artesanos emigraban ocho o diez kilómetros entre las áreas rurales y urbanas a medida que cambiaban las oportunidades económicas. Pero el desarrollo de transportes baratos, rápidos y accesibles, gracias a la inversión del barco de vapor, el ferrocarril y el telégrafo permitieron a un número cada vez mayor de emigrantes cruzar las fronteras en busca de mejor suerte.

 

Para finales del siglo XVIII y principios del XIX Europa sufría las consecuencias de una profunda explosión demográfica. Así como pobreza, desempleo y marcadas contradicciones sociales. La situación era semejante a la descrita por Robert Mathus, quien pensaba que un alto índice demográfico presionaría intensamente sobre los recursos disponibles. Para Malthus, el problema económico de su época consistía en que la población crecía en forma geométrica (1, 2, 4, 8, 16, 32…) mientras que la producción de alimentos sólo aumentaba en forma aritmética (1, 2, 3, 4, 5…).

 

Para salir de la crisis, los hoy países industrializados utilizaron la emigración como uno de los principales mecanismos de escape. En países como Inglaterra. Alemania y Suecia, el Estado y otras organizaciones no sólo estimularon la emigración, sino que la financiaron. En Inglaterra, por ejemplo, se creó el Departamento de Emigración a las Colonias en 1840. Entre 1847 y 1869 emigraron hacia Australia cerca de 339 mil  personas con un costo aproximado de 4 millones 800 mil libras esterlinas, de las cuales el Estado aportó 4 millones 300 mil.

 

Por su parte, los países receptores ofrecían poderosos incentivos a quienes deseaban emigrar: pasaje gratuito, concesión de tierras, maquinarias y pagos mensuales para subsistir los primeros meses de establecimiento. Puede decirse que los hoy países industrializados escaparon de la trampa malthusiana por tres puertas principales: emigración, revolución agrícola e industrialización.

 

Los que cruzan las fronteras de su país se pueden agrupar en las siguientes categorías; los refugiados, ya sea por razones políticas, religiosas o de guerra; los trabajadores temporales; los visitantes de paso como estudiantes, negociantes y turistas; y los emigrantes que se establecen e forma definitiva. Las causas de las emigraciones han sido tan variadas como los individuos que las han llevado a cabo, pero a juzgar por los datos históricos disponibles, en los últimos dos siglos la mayor parte de la emigración ha sido por motivos económicos.

 

Análisis Económico de la Migración

 

¿Qué pasa cuando emigrantes, por ejemplo, del Sur de rentas bajas llegan al Norte de rentas altas? ¿Quién gana y quien pierde? El primero que gana es el emigrante quien recibirá un salario cinco o diez veces superior al de su país de origen, así como mejores servicios de salud, educación, transporte, seguridad social, etc.; aunque esto le cueste una alta inversión económica y el dolor de dejar a su familia para establecerse en un lugar desconocido y a veces hostil.

 

Del lado del país exportador de emigrantes, el análisis económico plantea que los empresarios pierden, pues tendrán que pagar salarios más altos al escasear la mano de obra calificada. Se ha planteado que los países exportadores de emigrantes ganan consiguiendo que emigren los desempleados crónicos, los que viven del Estado y los delincuentes. Liberándose así de una carga fiscal neta mediante la emigración. Pero la emigración casi nunca adopta las citadas características, pues los emigrantes acostumbran a salir de las filas más dinámicas y productivas de la sociedad.

 

Por el lado del país receptor, ganan los empresarios quienes con la abundancia de mano de obra pagarán salarios más bajos, lo que a su vez permitirá bajar el precio de los productos favoreciendo así al consumidor. Gana además el Estado el cual recibirá el pago de impuestos de trabajadores en los cuales no invirtió ni un centavo. Sin embargo, pierden los trabajadores nacionales, porque los inmigrantes competirán con estos vendiendo su fuerza de trabajo a precios bajos.

 

Se plantea también que las remesas constituyen una pérdida para el país receptor porque producen fugas de divisas que afectan a la balanza de pagos. Pero el dinero que envían los emigrantes a sus países de origen representa apenas un por ciento mínimo de sus ingresos, pues tienen que pagar impuestos, vivienda, alimentación recreación, deudas anteriores y ahorrar si pueden. Entonces, de todo el análisis anterior se puede inferir, que pese a las trabas impuestas por los países a los emigrantes, el gran ganador neto en un proceso de migración es el país receptor; en cuanto al país exportador, pierden el empresario, el consumidor y el Estado, en tanto que sólo gana el emigrante.

 

Un argumento de peso que se opone al análisis anterior es que ése parte de supuestos que no necesariamente se dan hoy en los países exportadores de emigrantes, pues el análisis supone que los recursos de la economía están plenamente empleados y que la disminución o aumento de uno afecta el otro y viceversa. Pero los países subdesarrollados se caracterizan por la desocupación de los factores productivos, especialmente el de los seres humanos.

 

Estos países no se enfrentan a la elección de emplear al trabajador en una actividad  o en otra, pues tienen tantos recursos humanos desocupados, que pueden fácilmente transferir esos recursos humanos desocupados, sin que se afecte considerablemente al resto de la economía.

 

Cualquiera que sea el análisis sobre la migración, la historia ha demostrado siempre que ha habido una conexión directa entre la inmigración y el crecimiento económico de los países receptores. Cada flujo de inmigrantes ha actuado como un poderoso impulso en el crecimiento de la inversión, la renta y el empleo; pues ya sea que la migración estimule el crecimiento económico o que el crecimiento estimule la migración, la contribución de los emigrantes al desarrollo económico ha sido obvia.

 

Entonces, si la migración genera beneficios tanto al país emisor como para el receptor ¿porqué  cada día crecen las trabas para el emigrante? En los países de destino, los prejuicios étnicos, la xenofobia y muy especialmente los intereses directos de sindicatos y otros grupos de presión, los cuales temen a la competencia de los inmigrantes, mantienen un clima hostil en contra de la inmigración.

 

La mayoría de los países receptores de inmigrantes orientan sus políticas migratorias hacia favorecer la entrada de cerebros, mientras que rechazan a los inmigrantes no calificados, los cuales son más propensos a sufrir desempleo, a solicitar ayuda estatal, a la delincuencia y a la formación de guetos. Así, los países receptores, lejos de dar la bienvenida a los miserables rechazados por su propia tierra, alzan la antorcha de la libertad a los científicos, artistas y técnicos calificados, produciendo costos obvios para los países exportadores de emigrantes.

 

La Migración Contemporánea

 

Mientras que en la Europa del siglo XIX la explosión demográfica y la crisis económica coincidieron con la necesidad de mano de obra en otras partes del mundo y con una libertad casi absoluta de migración, hoy los problemas de los países pobres coinciden con políticas restrictivas a la emigración internacional. Mientras los anteriores emigrantes no necesitaban ni visa ni pasaportes, hoy son requisitos obligatorios. Mientras las fronteras eran poco vigiladas hoy los controles son estrictos. Hoy, mientras el capital se mueve con relativa libertad a escala planetaria, al trabajador se le ponen todo tipo de trabas.

 

En los próximos 30 años, la población mundial aumentará de 5 mil 300 millones a aproximadamente 9 mil 400 millones para el año 2025. Lo dramático de esa cifra consiste en que el 95% de ese crecimiento se producirá en los países “pobres” los cuales carecen del capital y la tecnología para escapar de la trampa malthusiana. Entonces, si el mundo subdesarrollado permanece atrapado en la pobreza y no recibe el capital y la tecnología para estimular el crecimiento económico y elevar el nivel de vida de sus habitantes, los países desarrollados se verán asediados por decenas de millones de emigrantes y refugiados deseosos de residir entre los prósperos consumidores del primer mundo, esta vez estimulados por los modernos medios de comunicación masiva; pues a través de ellos, la gente aunque sea muy pobre, sabe cómo se vive en otras partes del Mundo y buscará la forma de llegar allí, ya sea por aire, mal o tierra, en forma legal o ilegal, aunque la osadía le cueste la vida.

 

Gedeón Santos