La Economía Social de Mercado como Alternativa

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Los cambios mundiales han traído consigo profundas crisis en los paradigmas económicos. Sin embargo, han aflorado tres modelos de economía capitalista que gravitan en forma decisiva en el escenario mundial: la economía de mercado individualista anglosajona (inglesa-norteamericana), la Economía Social de Mercado al estilo europeo y la economía del Estado – empresa desarrollistas del Oriente asiático.

 

Ante esa realidad, y ante los problemas confrontados por los modelos económicos en nuestra región, el escritor Jorge G. Castañeda ha propuesto como opción para América Latina una variante de Economía Social de Mercado que rescate lo mejor del paradigma pasado y presente.

 

¿Qué es la Economía Social de Mercado?

 

La Economía Social de Mercado tiene como trasfondo histórico la influencia de un grupo de economistas alemanes pertenecientes a la “Escuela de Friburgo”, quienes en la década de 1940 se propusieron diseñar un modelo económico diferente del liberalismo clásico, del neoliberalismo y del socialismo, que hiciera una nueva interpretación en los temas sociales e intenta conjugar la libertad individual, la eficiencia económica y la equidad en la repartición de las riquezas.

 

Trata de sintetizar una tercera opción entre liberalismo y socialismo que concilie la “competencia y la solidaridad”, el mercado y la justicia social”. Sin embargo, esa tercera opción nunca fue definida con exactitud, lo que le da al modelo un carácter dinámico, adaptable a cualquier realidad y circunstancias. Así, la Economía Social de Mercado no es una propuesta abierta, flexible a los cambios económicos y sociales.

 

El modelo promueve la eficiencia competitiva del mercado como garantía del rendimiento económico; pero le asigna al Estado una amplia política social a fin de reducir la brecha dentro de la sociedad, pues se considera que quienes no están en condiciones de subsistir en la competencia y, por lo tanto, no obtienen ingresos del mercado, deben gozar también de una existencia segura y particular de los progresos económicos de la sociedad. Así, con la fórmula: “competencia hasta donde sea posible, planificación hasta donde sea necesario”, se delineó un rol más activo del Estado. El modelo es un híbrido a mitad de camino entre una economía de mercado desenfrenada y las economías de administración totalitaria.

 

Los aportes del Oriente asiático

 

La variante latinoamericano integra a la Economía Social de Mercado los aportes de los países del Oriente asiático, pues el modelo europeo arriba descrito, sólo traza las pautas de una economía equitativa, pero no aporta mucho sobre cómo salir del subdesarrollo, ni cómo competir eficazmente en los modelos internacionales.

 

El modelo asiático se caracteriza por una alianza entre el Estado y la comunidad empresarial para desarrollar ventajas estrategias que les permitan competir en los mercados internacionales. Para ellos, las “ventajas comparativas” naturales no determinan en última instancia la política comercial, pues garantizan las ventajas a través del impulso a la educación, la inversión, el proteccionismo, los subsidios y la seguridad nacional.

 

En este modelo, el Estado no sólo se limita a ser un ente de equilibrio en la economía, sino que es un actor de primera en la promoción del desarrollo. En esos países, los conglomerados industriales determinan conjuntamente con el Gobierno en qué sectores económicos y en cuáles etapas iban a concentrar sus esfuerzos. Los resultados de esas políticas son conocidos por todos.

 

Así, la evidencia histórica en el Oriente asiático pone en tela de juicio la afirmación de que el desarrollo económico no puede conseguirse en situación de dependencia del sistema capitalista internacional; pero también ha tirado por la borda la tesis neoliberal de que un alto grado de intervención estatal en la economía es incompatible con el desarrollo económico.

 

Lo mejor de los viejos modelos

 

La Economía Social de Mercado aprovecha la herencia positiva del estructuralismo de la CEPAL (Comisión Económica para América Latina y el Caribe), el que sin lugar a dudas, dotó a nuestra región de una social y financiera, así como de un importante sector empresarial y laboral. También de una infraestructura material en carreteras, acueductos, aeropuertos y redes eléctricas.

 

El modelo toma además, los aciertos de las políticas fondomonetaristas que iniciaron la lucha contra el populismo económico y enseñó la importancia de una economía estable para lograr el desarrollo. Asimismo, asimila lo mejor del “Consenso Washington” que aporta los instrumentos económicos para lograr un crecimiento con estabilización y una economía orientada hacia las exportaciones.

 

Hoy América Latina cuenta con una sociedad civil en crecimiento y con medios de comunicación que sirven de contrapeso al Poder estatal. Sobre esas bases se apoya el nuevo modelo para impulsar el desarrollo.

 

La variante Latinoamericana de Economía Social de Mercado

 

La variante latinoamericana del modelo acepta la lógica del mercado promovida por el pensamiento anglosajón, pero también acepta las adaptaciones que las economías de Europa y Japón han incorporado al capitalismo a lo largo de los años. Jorge Castañeda plantea al respecto: “a los problemas de deficiencia productiva hay que darle una salida anglosajona; a los de subdesarrollo, una respuesta a la japonesa y a los sociales una respuesta a la alemana”[2].

El modelo promueve alianzas entre el Estado, las empresas y los trabajadores para lograr un desarrollo industrial competitivo orientado a las exportaciones, hacia productos de alto valor agregado que garanticen un crecimiento económicamente sustentable y socialmente justo. Para ello, el Estado debe garantizar equilibrio macroeconómico, estabilidad monetaria y cambiaria, inversión pública en infraestructura y seguridad social.

 

También el Estado debe otorgar facilidades de crédito para la inversión, subsidios suficientes y necesarios, y garantías de mercados externos. Junto al sector privado, debe invertir en investigación científica, así como atraer inversión extranjera y captar nuevas tecnologías.

 

El papel del Estado en el modelo

 

El modelo plantea que las deficiencias inherentes al sistema de mercado hacen indispensable la acción de un agente que abarque a toda la comunidad, es decir el Estado, puesto que ningún otro agente tendría incentivos o capacidad suficiente para asumir por sí solo los costos de corregir esas eventuales deficiencias; las cuales de no ser debidamente conjuradas, afectarían a la sociedad entera.

 

Además, la participación estatal arriba descrita se fundamenta no sólo en razones teóricas, sino en razones prácticas, debido a que las desigualdades económicas y sociales en América Latina son tan dramáticas, que cualquier modelo liberal tardaría siglos en poner los beneficios del mercado al alcance de todos.

 

Esa realidad requiere de un Estado más fuerte, lo que no quiere decir un Estado más grande; implica también un Gobierno más democrático en lo político, más equitativo en lo social y más racional en lo económico. La consigna del modelo es: “más mercado y mejor Estado”.

 

 

En fin la Economía Social de Mercado plantea una protección real que no afecte la eficiencia productiva ni las relaciones internacionales; una regulación que no sofoque al mercado ni a los agentes productivos; mas propiedad estatal sin populismo ni economía de mando; y una competencia sin “capitalismo salvaje”.

 

Los desafíos del paradigma

 

El acierto más importante del modelo es que hace conciencia de la importancia de la equidad para la paz social y para el desarrollo humano, pero adolece de inconsistencia lógica a la hora de explicar las fuentes para financiar la política social sin afectar la dinámica de los sectores productivos y la salud general de la economía. Ese puno es especialmente importante en los piases pobres, puesto que para repartir riquezas primero hay que crearlas, pues ¿Cómo puede haber repartición de algo que todavía no se tiene? los países europeos pueden desarrollar una amplia política social porque han desarrollado un alto nivel de rendimiento en sus economías, pero nuestros países no sólo adolecen de ese rendimiento, sino que también carecen de los recursos económicos para generar excedentes que luego puedan ser repartidos.

 

Por todo lo anterior, en el PLD estamos conscientes de que la adecuación de estas peculiaridades del capitalismo europeo y japonés a la realidad de nuestros países; que la conciliación de tantos intereses en un mismo proyecto y la adecuación a nuestra realidad de tantos paradigmas divergentes, será una tarea difícil; pero al menos es una salida realista que podría conducir a los países pobres hacia una vía propia de desarrollo, así como corregir errores pasados, ahorrables sacrificios a la sociedad y evitar volver hacia atrás o caer en el vacío.

 

Gedeón Santos (Extraído de su libro “El PLD Frente a la Pobreza y la Globalización”)