La Crisis de Venezuela y sus Lecciones 4/4

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Las Veinte Lecciones de la Crisis de Venezuela

 

Como se ha podido apreciar, la de Venezuela no es sólo una crisis de los partidos tradicionales y de sus líderes. Tampoco es una crisis exclusivamente producida por la corrupción. La de Venezuela es una crisis esencialmente económica que ha generado una profunda crisis social, la que a su vez ha desatado sucesivas crisis políticas. Es decir, la crisis de Venezuela es una crisis estructural del modelo de sociedad que se había construido a partir de la abundancia de los ingresos petroleros. Sin embargo, la crisis de Venezuela ofrece importantes lecciones que pueden servir de advertencia y de punto de comparación con nuestros países, dada la cantidad de elementos comunes que caracterizan a nuestras sociedades, por lo que extraer lo mejor de sus experiencias puede servirle de guía a nuestros políticos y gobernantes en sus planes inmediatos y en sus acciones futuras.

 

Lecciones Políticas y Económicas

 

La primera gran lección que ofrece Venezuela es que una economía y una sociedad no pueden depender básicamente de un solo producto de exportación para su supervivencia, puesto que su estabilidad como Nación estaría constantemente expuesta a los vaivenes de los precios de un mercado mundial que ningún Estado puede controlar. Esto sería como entregarle la suerte del país a la voracidad de un comercio que se guía por el afán de lucro y no por las grandes necesidades de los habitantes nacionales. La segunda lección es que la riqueza repentina puede crear un proceso de ilusión de desarrollo que conduzca  al derroche y a la falta de previsión, lo cual crea un espejismo de bienestar y crecimiento que afecta sensiblemente las capacidades de ahorro, las iniciativas de inversión, las capacidades de trabajo y las energías emprendedoras de una nación.

 

La tercera lección es que una gran cantidad de divisas puede ser tan dañina para la economía de un país como la ausencia de ella, pues muchas divisas circulando, no sólo generan una sobrevaloración de la moneda nacional lo cual produce la “enfermedad holandesa” (desindustrialización), sino que tiende a estimular las importaciones en detrimento de la producción nacional. La cuarta lección es que la concentración de las riquezas de un país en el Estado (Estado-rentista), tiende a generar un capitalismo deformado, que conduce al populismo económico, al paternalismo social, al clientelismo económico y político y a la corrupción general. Lo anterior, genera gobiernos todopoderosos, con burocracias abundantes que ahogan la iniciativa privada, limitan la inversión, detienen el crecimiento y generan pobreza y subdesarrollo.

 

Las Reformas y sus Lecciones

 

La quinta lección es que un buen desempeño macroeconómico no es suficiente para el éxito de un proceso de reformas económicas. La experiencia de Venezuela demostró que es necesario, además, que tanto la población como los sectores productivos, sientan que el crecimiento de la economía le reportará beneficios individuales y colectivos que compensen el sacrificio que implica una transformación económica. La experiencia de Venezuela demostró que es necesario, además, que tanto la población como los sectores productivos, sienta que el crecimiento de la economía le reportará beneficios individuales y colectivos que compensen el sacrificio que implica una transformación económica. La sexta lección es que no es posible transformar una economía sin lograr un consenso entre las fuerzas económicas, sociales y políticas determinantes de una sociedad. Ese consenso debe basarse en el establecimiento de reglas de juego claras y justas, adecuadas al momento histórico y que merezcan el respeto de todos, comenzando con el gobierno y sus funcionarios.

 

La séptima lección de la experiencia venezolana es que en un proceso de reformas hay que comunicar a la población por todos los medios las complejidades de las crisis y la necesidad de sacrificios para superarlas; y a la vez, hay que saber compensar a los perdedores potenciales del proceso, creándoles un cerco de opinión púbica que termine aislándolos. Y finalmente, el gobierno debe unificar a los ganadores potenciales de las reformas para que defiendan el proceso. La octava lección es que una sociedad que no hace reformas por temor a las consecuencias políticas y sociales, crea las condiciones de su propia destrucción, pues mientras más profundos sean los problemas, más complejas serán las crisis y más radicales y violentas tendrán que ser las medidas para superarlas.

 

El Populismo y sus Lecciones

 

La novena lección de la crisis de Venezuela es que un proyecto populista sólo funciona como estrategia de campaña para llegar al Poder, pero que intentar mantenerlo más allá de un proceso electoral, termina afectando la sociedad en su conjunto y sus promotores, pues las promesas de soluciones rápidas y bienestar sin sacrificio, generan falsas expectativas que devienen en frustración política y social y en elevados niveles de abstencionismo electoral. La décima lección es que la economía de hoy se basa en nuevas leyes y en nuevos principios que han trascendido los esquemas anteriores, esquemas que por su complejidad no se pueden violar, por lo que intentar imponer viejas recetas a nuevos problemas (como lo hizo Rafael Caldera) constituye un grave error practico y un absurdo científico de consecuencias fatales para el futuro de un país.

 

Lecciones Partidistas

 

La lección número once es que cuando los partidos carecen de argumentos de fondo y se alejan de las grandes estrategias de desarrollo y se apartan de los proyectos programáticos e ideológicos, convierten la lucha política en simple guerras de rivalidades personales, carentes de sustancias teóricas y de análisis científico, cuyo único fin es satisfacer las apetencias particulares de sus dirigentes y allegados. La lección número doce es que cuando los partidos pierden la capacidad de interpretar las necesidades de la población y se concentran exclusivamente en sus intereses particulares, pierden toda autoridad para servir de enlace entre los intereses de la sociedad y el Estado, y pierden su arraigo popular, su atractivo ideológico y su capacidad para satisfacer las necesidades prácticas de la sociedad.

 

La lección número trece es que cuando los partidos hacen compromisos espurios con financistas privados para financiar campañas electorales, terminan variando sus programas de gobierno para ajustarlos a las deudas de campañas y de los intereses de oportunistas temerosos y de grupos económicos dudosos. La lección número catorce es que los partidos que no evalúan a su dirección ni a sus autoridades electas, pierden la capacidad de detectar errores y de corregirlos, y se convierten en maquinarias pragmáticas de escasa moralidad política y de poca vocación democrática.

 

La lección número quince es que nuestras sociedades no están preparadas para “gobiernos supra partidos”, pues mal bien, los partidos tienen todavía profundas raíces en la sociedad, y sin su apoyo es casi imposible realizar transformaciones. Además, la experiencia del “gobierno supra partido” de Rafael Caldera y Convergencia Nacional es que, dicho frente, no solo fue uno de los grandes fiasco políticos de la historia venezolana, sino que terminó actuando como un partido más del sistema, utilizando los mismos recursos y los mismo métodos para ascender y mantenerse en el Poder.

 

Lecciones para la Democracia

 

La lección numero dieciséis de Venezuela es que el éxito de un sistema democrático está estrechamente ligado al desenvolvimiento económico de una sociedad; y que las democracias que sólo se basan en libertades públicas y elecciones libres, pero que carecen de reales oportunidades económicas y sociales y de una equitativa distribución de las riquezas, terminan en crisis, sin base social, sin apoyo popular y sucumbiendo ante las presiones autoritarias.

 

La lección numero diecisiete es que el éxito de un sistema político y de partidos depende del cuidado que pongan sus líderes en el manejo de la economía, pues en el contexto de una población bien informada, es casi imposible evitar que la sociedad relacione su desgracia personal y general con los encargados visibles de administrar los recursos de la comunidad.

 

La lección numero dieciocho es que el paternalismo social no es capaz de enfrentar en forma efectiva la pobreza, y que la única manera de aminorar la miseria es generado un crecimiento económico sostenido y un aumento de la productividad, para que se creen nuevas fuentes de trabajo y mejoras en los niveles salariales, de manera tal que los pobres no sean permanentes destinatarios de ayuda material.

 

La lección numero diecinueve es que la corrupción tanto pública como privada y tanto política como administrativa, no solo afectan el desarrollo de la distribución de los ingresos, sino que les quitan a los políticos gobernantes toda autoridad y legitimidad para emprender procesos de desarrollo y conducir en forma efectiva la Nación.

 

Y la lección veinte es que en un mundo dominado por libre comercio y el desarrollo tecnológico, la competitividad de los mercados internacionales requieren de gobiernos más democráticos en lo político, más equitativos en lo social y más racionales en lo económico; que logren combinar la competencia del mercado y la eficiencia productiva con la equidad social y la solidaridad humana.

 

 

Gedeón Santos