La Crisis de Venezuela y sus Lecciones 3/4

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Los Partidos Venezolanos y la Política

 

Como explicamos, Venezuela, como nación, se había organizado a partir de la interacción de tres factores fundamentales: la abundancia de recursos económicos provenientes de la renta petrolera, la relativa satisfacción de las demandas sociales con los recursos disponibles, y la capacidad de los partidos y sus líderes de servir de canales entre el Estado y la sociedad. A su vez, la gobernabilidad se garantizaba a través del llamado “pacto de punto fijo”, compromiso político que garantizaba la cooperación táctica entre los dos partidos mayoritarios (COPEI* y Acción Democrática), su alternabilidad en el Poder y la plena vigencia del juego político electoral. Todos estos factores le permitieron a Venezuela convertirse, durante más de dos décadas, en una de las “democracias” más estables de América Latina.

 

Base del Sistema Político

 

Así mismo, el sistema político se organizó sobre la base de un Poder Ejecutivo fuerte, que fungía como empresario, regulador, protector, empleador y proveedor de bienestar social; de un Congreso dominado por los partidos mayoritarios y de partidos políticos poli-clasistas de alcances nacional, con estructuras internas jerárquicas centralizadas y disciplinadas. Estos partidos basaban su influencia política y social en su capacidad para distribuir las riquezas del Estado de acuerdo con sus conveniencias, ya sea otorgando empleos, subsidios, ayuda o protección. Su condición de administradores de tantos recursos hacía que la población viera a los partidos y a sus líderes como la única vía para mejorar su situación o para conseguir el ascenso que por la vida privada le era casi imposible obtener.

Ese poder político partidista recibía el apoyo de los demás sectores de poder venezolano (Fuerzas armadas, iglesia, grupos empresariales, grupos laborales organizados, asociaciones organizadas, etc., y gran parte de la sociedad civil) a los que los partidos beneficiaban por la vía de los factores del Estado. Todo lo anterior estaba garantizado por los elevados precios del petróleo. Por lo que se puede decir, que abundancia económica, clientelismo político, estabilidad social y democracia constituían la combinación del orden político venezolano.

 

Origen de la Crisis Política

 

Pero la baja sustancial de los precios del petróleo, el aumento de las demandas de una  población en pleno crecimiento y el incremento de los compromisos económicos y sociales de un Estado con recursos cada vez más reducidos, desestabilizaron el orden económico, social y político venezolano y provocaron unas profundas crisis en las bases del sistema. A partir de entonces, el Estado perdió gradualmente su coherencia y capacidad para general un crecimiento económico sostenido, y se mostró incapaz de brindar adecuadamente los servicios básicos, movilidad social e incluso seguridad personal, lo cual reveló la naturaleza de un Estado incompetente, corrompido y sobresaturado. El clientelismo político y el populismo generaron un Híper-Estado que contraían un conjunto de compromisos cada vez más difíciles de cumplir. A partir de entonces, la armonía política y social garantizada por el Estado mediante la abundancia de los recursos provenientes de los ingresos petroleros, comenzó a resquebrajarse.

Entonces, como escribiera la profesora Miram Kornblith, “la enorme visibilidad del Estado venezolano hace que sea directamente responsabilizado por las penurias económicas de los sectores afectados por la disminución de los recursos fiscales”. Lo anterior explica la crisis de los partidos y de sus líderes, pues siendo los políticos los responsables de administrar el Estado, se hacía inevitable que la población asociara la crisis individual y general con las cúpulas de los partidos que tradicionalmente habían dirigido el país. Lo anterior generó una profunda desconfianza y un extremo descrédito en los partidos políticos tradicionales, los cuales se mostraron incapaces de darles respuestas adecuadas a la crisis. Además, ante el descrecimiento de los ingresos del Estado, se desató una feroz competencia entre diferentes sectores de la sociedad por lograr que sus privilegios no les fueran retirados.

 

Crisis del Modelo de Partido

 

Así, se puede decir que el sistema político venezolano se convirtió en una “partidocracia” caracterizada por la corrupción, el pragmatismo, el burocratismo, el clientelismo y por un exceso de poder que limitó el desarrollo de la sociedad civil. Además, el liderazgo partidista, centrado exclusivamente en sus propios intereses, perdió la capacidad de interpretar a la sociedad y sus necesidades, por lo que quedaron imposibilitados para generar respuestas y soluciones adecuadas que satisficieran las “nuevas” demandas que surgían de la “nueva” realidad. Es decir, el liderazgo político quedó rezagado respecto a la sociedad, y se convirtieron en maquinarias pragmáticas y antidemocráticas que funcionaban como simples “agencias de empleo”, dirigidas por las oligarquías de escasa moralidad política, incapaces de renovar su discurso y de darles paso a nuevos dirigentes. Además, la falta de evaluación interna de los partidos, la inamovilidad de sus cuadros más elevados y la concentración del Poder de decisión en las cúpulas diligénciales, impidieron que tantos los militantes como la sociedad, pudieran darle seguimiento a la dinámica interna de los partidos, así como el desempeño de sus funcionarios electos. Lo anterior hacía que los partidos funcionaran con canales internos de una sola dirección, de arriba hacia abajo sin capacidad de retroalimentación, por lo que las cúpulas no podían recibir señales  de lo que las bases y la sociedad necesitaban o deseaban, lo que a su vez impedía detectar los errores y corregirlos. Finalmente, los altísimos costos de las campañas electorales generaron compromisos espurios entre partidos y financista privados que luego obligaban a un camino en los programas de gobierno para ajustarlos a la realidad de los compromisos contraídos.

 

Crisis de la Democracia

 

Todo lo anterior trajo una profunda crisis en el sistema electoral, el cual, en su época de gloria, movía de sus casas hasta el 90 por ciento de la población votante. Pero con la crisis general del sistema, la población fue perdiendo el interés por los procesos electorales. Así, la abstención, que para las elecciones nacionales de 1988 fue de 18,3 por ciento, pasó a un 50,84 por ciento en los comicios municipales y de gobernadores de 1989, y a un 39,8 por ciento en las elecciones nacionales de 1993. Asimismo, la crisis rompió el modelo bipartidista que se había implantado desde 1958 entre Acción Democrática y el COPEI, lo que a su vez implica el declive de estos partidos y el crecimiento de las nuevas alternativas extras partidistas.

Este cambio en las preferencias y en los patrones de comportamiento político-electorales refleja la crisis por la que atraviesan las organizaciones políticas tradicionales, y refleja también la ruptura del equilibrio político y del sistema de partidos que se había construido sobre la base del “pacto de punto fijo”, explicado en la primera parte de este trabajo. Es decir, “se trata de una situación en la que las viejas organizaciones han perdido su arraigo popular, su atractivo ideológico y su capacidad para satisfacer las necesidades pragmáticas de la población…”; lo cual no solo ha generado el desinterés de los votantes, sino que ha volcado la atención del electorado hacia individuos u organizaciones que desafían el sistema vigente. Y peor aún, la crisis ha desatado en forma espontánea, olas de protestas y de violencia que no cuentan con dirección política y han desbordado a los partidos y a las organizaciones establecidas, lo cual presenta la coyuntura perfecta para la aparición de políticos populistas y de “falsos mesías”, que al final, hacen más daño que bien.

 

Venezuela y la Crisis del Petróleo

 

En resumen, se puede decir que la quiebra del modelo económico y social, frustró las expectativas de mejoramiento individual y colectivo de la sociedad, lo cual erosionó la adhesión de la población al sistema de partidos y el régimen democrático. Es decir, el modelo de sociedad venezolano solo funcionó mientras éste fue capaz de garantizar una relativa abundancia de recursos, especialmente provenientes de la renta petrolera.

Hoy, ante el proceso de la globalización, Venezuela ve crecer sus dificultades, pues en primer lugar, la nueva economía  le resta cada vez más importancia a recursos naturales como el petróleo y los sustituyen por altas tecnologías y por mayores flujos de información; en segundo lugar, luego de la pesadilla de los aumentos de los precios del petróleo, los países industrializados buscan nuevos sustitutos más baratos y accesibles para disminuir su dependencia de la OPEP; en tercer lugar, los grupos medioambientalistas presionan en todo el mundo contra los efectos de los gases producidos por el petróleo; en cuarto lugar, la extracción del petróleo se torna cada vez más costosa al tener que extraerse más hacia el mar, en lugares profundos que requieren de una alta inversión en la infraestructura; y en quinto lugar, la entrada de Rusia al mundo comercial petrolero tiende a disminuir los precios al aumentar la oferta.

 

El Futuro de Venezuela

 

Puede decirse, que si los venezolanos quieren superar sus crisis tienen que enfrentar con energía el populismo económico, el clientelismo político, el paternalismo social y la corrupción general. Pero eso sólo se logrará si los dirigentes venezolanos promueven una profunda reforma económica que reanude el crecimiento económico y diversifique sus exportaciones para no depender exclusivamente de los ingresos petroleros. Así mismo, Venezuela requiere de profundas reformas en el sistema político y el Estado, que eficientíce la estructura pública y mejoren los servicios del Gobierno.  Requiere también un sector más eficiente y competitivo, que asuma mayores riesgos y dependa menos de los favores del Estado. Y finalmente Venezuela, precisa del consenso de las fuerzas sociales y políticas, de la austeridad de sus gobernantes y del sacrificio y el respaldo de la población.

De lo contrario, la tierra de Simón Bolívar, no estará en condiciones de enfrentar los retos del nuevo milenio, dominado por el libre comercio, por el desarrollo tecnológico, por la competitividad de los mercados internacionales y por la globalización; pues mientras Venezuela camine al ritmo del petróleo, su futuro se proyecta incierto, como incierto es el futuro de su principal producto de exportación.

 

 

Gedeón Santos