Evaluación crítica del colapso de la URSS

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Introducción

 

Como se pudo apreciar en los pasados capítulos, el colapso de la Unión Soviética, no se dio por una casualidad histórica, ni fue el resultado de la voluntad de un líder, tampoco sucedió en forma repentina, como los hechos de 1991 parecen indicar. El colapso de la URSS fue el resultado de 70 años de choques de las fuerzas históricas que venían interactuando en el proceso soviético, las cuales, al llegar a un punto de fricción hicieron estallar el sistema. El hecho de que un líder encendiera la chispa y el que la explosión fuera rápida y devastadora, sólo indican el nivel de profundidad a que habían llegado las contradicciones del sistema.

La Singularidad del colapso

 

La grandeza histórica de la Unión Soviética fue haber desviado el curso de la historia mundial, que hasta 1917 se caracterizaba por la expansión del capitalismo y la cultura occidental por todo el planeta. La revolución bolchevique, al introducir un sistema económico-social radicalmente diferente, dividió el mundo entre capitalismo y socialismo entre Oriente-Occidente, a partir de entonces, casi la mitad de la humanidad dejó de ser parte de un mercado mundial que venía expandiéndose desde hacía por lo menos cuatro siglos, puede decirse, que con el colapso de la URSS y la vuelta al capitalismo de la mayoría de los antiguos países socialistas, la historia de la humanidad retomó el curso que había desviado 70 años atrás, pues lo que se ve en el mundo de hoy es la expansión del mercado y de la cultura capitalista occidental por todo el globo terráqueo, es decir, el colapso de la URSS ha hecho posible el desarrollo de la globalización.

 

La excepcionalidad histórica del colapso consiste en que la caída de un Estado tan poderoso, no ocurrió como consecuencia de una derrota militar, de una ocupación extranjera o por una violenta revolución interna, sino como resultado de decisiones tomadas desde la cúpula de poder.

 

“Sin haber perdido una guerra, nunca una potencia mundial se había desintegrado tan total y tan rápidamente”, pero lo verdaderamente sorprendente fue, que luego de 70 años de proclamar el bienestar y la liberación de las masas, la URSS cayera sin que su pueblo presentara resistencia alguna.

 

Un sistema deficiente

 

El problema básico fue, que los líderes soviéticos sobredimensionaron el poder del sistema en cuanto a capacidad económica, gasto militar y alcance global, pues pese a su enorme influencia en la política mundial, el sistema era profundamente deficiente y se sustentaba sobre una base muy frágil. Puede decirse, que el enorme precio pagado por el desarrollo durante la “Era Estalinista”, fue la incapacidad soviética para autorenovarse, lo que dejó al socialismo desarmado para enfrentar la nueva situación global que comenzó a presentarse en la década de los ´60; por lo que el socialismo no pudo presentar una alternativa real contra el capitalismo en cuanto a desarrollo tecnológico, dinámica social, libertades políticas, visión y alcance global.

 

Después de alcanzar su apogeo entre 1956 y 1968, la URSS comenzó a decrecer primero en lo económico, después en lo político y finalmente en el terreno militar e internacional. Al final, el socialismo soviético fue víctima de los errores y los dogmas de su propio desarrollo.

 

En su libro Perestroika Mijaíl Gorbachov dice al respecto: “desde finales de los años 60´s, comenzaron a acumularse los problemas sin resolver… Se formó un cierto mecanismo que frenaba el desarrollo socioeconómico, y todo ello ocurrió en el momento en que la revolución científico-técnica abría nuevas perspectivas para el progreso económico y social…”

 

Quizás, lo que más contribuyó a la deficiencia del sistema fue la falta de una comunicación clara entre el productor y el consumidor, pues en el socialismo la información y el conocimiento eran monopolizados por el Estado y se transmitían por canales de una sola dirección, desde arriba hacia abajo, sin capacidad de retroalimentación, por lo que el sistema no podía recibir las señales de lo que la economía y la sociedad necesitaban o deseaban, o que a su vez, impedía detectar los errores y corregirlos.

 

Este hecho es el que explica las diferencias en la industria y en los servicios, pues a falta de una información emanada directamente de la sociedad, los planificadores determinaban por la población lo que ésta debía consumir, así como la forma y la calidad de los productos.

 

El Factor trabajo y el colapso

 

Otro problema que afectó a la URSS fue que se llevó a un extremo el criterio ideológico de eliminar la explotación del trabajador, ese criterio estaba llamado a generar una crisis, puesto que el trabajo es un factor tan esencial en el proceso productivo como el capital, los recursos naturales y la tecnología. Entonces, si no se explotaba esos recursos, ¿de dónde saldrían los beneficios para financiar el desarrollo económico y el nivel de vida de la población? En la época de Lenín, expropiando los bienes de la burguesía, pero eso resultó insuficiente; en la “Era Estalinista”, explotando a los campesinos y a los trabajadores, pero eso violaba los principios del socialismo; después, explotando los recursos naturales, pero con la revolución tecnológica esos recursos comenzaron a perder valor.

 

Entonces, con recursos naturales cada vez más baratos y teniendo que subsidiar a una población que no podía explotar, el sistema estaba condenado a irse a la quiebra, además, como la nueva “economía de la información” se basaba en la explotación del trabajo mental y no en los recursos naturales, el sistema soviético quedaba impedido de aprovechar los beneficios de la nueva forma de crear riquezas, puesto que el trabajo mental depende más del trabajador que de las maquinas. El profesor Juan Bosch dice al respecto: “Al quedar aniquilada la burguesía (en la URSS), la clase obrera estaba condenada a desaparecer porque una nueva generación de obreros pasaría a convertirse en empleados públicos cuyo patrón seria el Estado; pero un patrón que debido a su posición ideológica no podía explotarlos como lo hacía la burguesía…, y como nadie podía explotarlos, era inevitable que llegaría el día en que la economía soviética empezaría a paralizarse…”.

 

Un socialismo empatanado

Puede decirse, que a lo largo de los años la Unión Soviética se convirtió en la menos revolucionaria de las mayores sociedades del mundo; pues mientras en occidente se había hecho la revolución del consumo en los años ´50, la estudiantil y de la mujer en los ´60 y la tecnología y postindustrial en los ´70; la sociedad soviética involucionaba, retrocedía y se consumía en el inmovilismo social, político, económico y cultural.

A los dirigentes soviéticos les pasó lo que les ha sucedido a casi todos los revolucionarios del mundo, que luego de ascender al Poder y poner en práctica sus ideas, dejan de hacer la revolución y se convierten en “conservadores” del sistema creado por ellos, por lo que pasan a obstaculizar el desarrollo de las nuevas fuerzas que propugnan por los cambios. Asimismo, al plantearse una sociedad sin clases y sin  antagonismos, el Estado soviético, no sólo violaba importantes principios científicos como el de “la negación dialéctica” y el de “unidad y lucha de contrarios”, sino que condenaba a su pueblo a un eterno inmovilismo social en un mundo sujeto al cambio permanente.

 

El hecho crítico fue que mientras el socialismo post-leninista desechó revitalizarse asimilando lo positivo del capitalismo, los Estados “burgueses”, para salir de sus ciclos económicos, adoptaron medidas de una fuerte orientación socialista, tales como la intervención del Estado en la economía, el seguro de desempleo, la garantía de retiro en la vejéz, la educación y la salud gratuita. Asimismo, mientras que los soviéticos demostraban escasa receptividad al progreso científico, occidente hacía la revolución tecnológica y dirigía su sociedad hacia la era post-industrial.

 

Así, el socialismo que se había autoproclamado científico, terminó bloqueando el desarrollo de las ciencias y convirtiéndose en un sistema que negaba su propia concepción de la dialéctica.

 

Pero también está el hecho de que mientras el capitalismo fue un sistema nacido como consecuencia natural de la transformación del feudalismo, el socialismo fue una creación intelectual del hombre en la que se intentó adaptar la realidad al marxismo y no el marxismo a la realidad. Pero uno de los mayores problemas del socialismo soviético fue que incumplió su promesa de mejorar radicalmente las condiciones materiales de vida de su pueblo, pues aunque en principio se aumentó el nivel de vida de la población, a la larga, fue el Estado con sus elites privilegiadas y no los trabajadores los que se erigieron como los principales beneficiarios de la revolución socialista.

 

Choque de la URSS con la nueva economía

 

Quizás, el hecho más profundo que hizo colapsar el sistema fue, que la llegada de la nueva economía de la información basada en la comunicación y distribución instantánea de datos, ideas y símbolos, encontró al socialismo desprevenido. Esta nueva forma de crear riqueza requería de una organización económica y social que permitiera la libre circulación del conocimiento en todos los niveles del sistema, pero el socialismo no se había diseñado con esas características, pues la información era severamente restringida y sometida a la censura estatal. El problema era, que tanto conocimiento en manos de la población representaba un peligro para los privilegios de los burócratas que detentaban el Poder.

 

Entonces, se puede afirmar, que la esencia del fracaso soviético estuvo en la incapacidad del sistema para asimilar los progresos científicos y aplicarlos en la economía, pues hasta el momento de la explosión tecnológica, la URSS había logrado el desarrollo industrial y prácticamente había alcanzado a las potencias capitalistas occidentales. Pero lo peor de todo fue que el gobierno soviético había sido advertido a tiempo del atraso tecnológico y de la necesidad de renovación del sistema. En una carta enviada a Leonid Breznev en 1970 por tres de los más connotados científicos soviéticos, entre los que se encontraba el padre de la Bomba H soviética, se planteaba: “Es cierto que la URSS supera a Estados Unidos en carbón y petróleo, pero está muy a la zaga en cuanto a energía eléctrica; el atraso es aún mayor en la química y sobre todo en tecnología de ordenadores electrónicos. En cuanto al uso de estos en la economía, la brecha es tan amplia que prácticamente resulta imposible medirla. Simplemente vivimos en otra época”.

 

Finalmente, el colapso de la Unión Soviética tiene su explicación en un postulado marxista que plantea, que un sistema haría crisis, cuando las fuerzas sociales y políticas impidieran el desarrollo de las fuerzas productivas. Y como una ironía de la historia, fue el socialismo y no el capitalismo el que colapsó cuando las fuerzas políticas soviéticas (burocracia) comenzaron a obstaculizar el desarrollo de las fuerzas productivas (tecnología).

 

Del mismo modo que el Estado feudal entorpecía el desarrollo industrial basado en la maquina pesada, el Estado soviético entorpecía el desarrollo post-industrial basado en la electrónica y el conocimiento.

 

Dicho en buen marxismo, “la superestructura política de la sociedad dejó de corresponder a los requerimientos de su base económica”.

 

El futuro del socialismo

 

Sin embargo, todas las ideas y los planteamientos críticos expuestos a lo largo de este trabajo, no quiere decir que los sueños que alimentaron el nacimiento del socialismo hayan muerto. El deseo de crear un mundo en el que la abundancia, la paz y la justicia social prevalezcan sobre la pobreza, la explotación y la concentración de las riquezas son ideales que mantienen tanta vigencia como cuando fueron esbozados por los padres fundadores del socialismo. Pero un mundo así no puede construirse sobre viejos cimientos, sobre un socialismo deficiente, burocratizado, corrompido y alienado; ni tampoco sobre un capitalismo “salvaje”, indolente ante la pobreza, que concentra las riquezas y que genera marginalidad por doquier.

 

Ante el predominio de las altas tecnologías y la globalización, la humanidad se dirige hacia nuevas experiencias que trascienden los esquemas hasta ahora conocidos. ¡Viejas recetas no pueden curar enfermedades nuevas!

 

Lo que demanda el mundo es un sistema que resuma lo mejor de las experiencias económicas, políticas y sociales hasta ahora conocidas por la humanidad. Sin embargo, si algo hay que aprender del fracaso de la experiencia soviética es, que los problemas humanos se solucionan más por la presión de los hechos, que por el más ingenioso plan elaborado por ideólogos o por autorizados profetas.

 

 

Gedeón Santos (Extraído de su libro “Sistemas Mundiales en Crisis”)