Estrategias para enfrentar La Pobreza

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Salida individual a la pobreza

 

Seis formas históricas han visto los pobres para salir individualmente de su pobreza: A través de trabajo por cuenta propia, por medio de la emigración, a través de la suerte (juegos de azar), por medio del Estado, mediante la violencia o por la vía de la superación personal.

 

Por medio de la emigración. El pobre sabe, que el mero hecho de establecerse es un país más desarrollo que el suyo, le da la posibilidad de encontrar el empleo o el nivel de ingresos que le han sido negado en su propia tierra. Así, el emigrante supone que recibirá un salario cinco o diez veces superior al de su país de origen, con también mejores servicios de salud, educación, transporte, seguridad social, etc.; todo lo cual implica un cambio en su condición económica y social que le permite salir de la pobreza.

 

A través de la suerte. Tradicionalmente el pobre cree que jugando lotería se sacara el premio que le aportará los recursos económicos para conseguir la movilidad hacia un estrato social más elevado, Así, el juego, al generar una infinita expectativa de riquezas, funciona como un mecanismo de escape sicológico, que hace suponer al pobre que el problema de la pobreza es una cuestión de suerte que sólo necesita tiempo. El juego es un medio de compensación de la promoción social denegada, especialmente cuando el pobre pierde la fe en los mecanismos virtuales de creación de riquezas, el juego genera una actitud pasiva hacia el trabajo, lo cual separa al pobre de la única vía real para crear riquezas y superar la pobreza.

 

Estado, corrupción, violencia y pobreza

 

Por la vía del Estado. La experiencia le dice al pobre, que si logra obtener un puesto en el Estado puede, en corto tiempo, hacer la acumulación de capital que le garantice una estabilidad económica duradera. El macuteo, el boroneo, el soborno, el tráfico de influencias, entre otros, son mecanismo típicos utilizados por los empleados públicos para acumular riquezas. En la mayoría de los casos, el pobre no ve en estos mecanismos de corrupción un problema que le afecta directamente, sino como su única vía de escape de la pobreza, dado que el sector privado no lo puede absorber como ente productivo.

 

El trabajo por cuenta propia. Dada la imposibilidad de conseguir empleo en el gobierno o en el sector  privado y dado los bajos salarios que se ofrecen, los pobres se convierten en chiriperos y en pequeños empresarios o comerciantes, aunque su bajo nivel de educación y su incapacidad para acceder a créditos de bajos costos, hacen que por lo general mantengan su nivel de pobreza,

 

La superación personal. Algunos pobres optan por la vía del estudio y logran profesiones y oficios que les permiten los ingresos adecuados para salir de la pobreza. Pero esta estrategia sólo funciona si el individuo logra integrarse al engranaje económico.

 

La violencia. Si todos los mecanismos anteriores fallan o resultan muy difíciles, el pobre podría optar por la violencia. El atraco, el robo, el tráfico de drogas, entre otras formas de violencia; son mecanismos extremos de acumulación de riquezas que permiten un rápido ascenso social. También, podría optar la violencia política o social. Los reclamos violentos, el terrorismo y la insurrección armada se podrían constituir en válvulas de escape a las presiones y a las frustraciones económicas y sociales que generaban la pobreza.

 

Métodos colectivos contra la pobreza

 

Siete vías básicas podemos identificar para combatir la pobreza en forma colectiva: por medio de la generación de empleos, por la vía del crédito, a través de la política social, por la vía fiscal, por medio de la política agrícola, a través de iniciativas comunitarias y de la sociedad civil y a través de la educación.

 

Por medio de la generación de empleos. Modernamente se cree, que el Estado no debe generar empleos directamente, sino que debe ser un facilitador que propicie las condiciones para que el sector privado absorba la mano de obra disponible. Para ellos, lo primero que debe hacer el Estado es logar combinar un crecimiento económico estable y sostenido (por encima del 6 por ciento anual), con una baja tasa de crecimiento de la población (inferior al 1.5 por ciento al año).

 

Las dos variables anteriores deben combinarse con un elevado ahorro interno (superior al 25 por ciento del PIB) y con una alta tasa de inversión (de alrededor del 30 por ciento del PIB) que mejore la infraestructura material y los servicios públicos. Además, el Estado debe garantizar una elevada inversión en educación (superior al 6 por ciento del PIB), incentivos al desarrollo tecnológico (superior al 1.5 por ciento del PIB), una agresiva política de exportación, atraer inversión extranjera y mantener el equilibrio macroeconómico.

 

Es de rigor también, logar que se opere el fenómeno de “goteo” en la economía, para que los beneficios de las inversiones desciendan desde las empresas grandes hacia las medianas y de éstas hacia las pequeñas, de forma tal que haya una interdependencia interempresarial que afecte positivamente a toda la economía.

 

Además, es preciso crear expectativas favorables que generen un clima de confianza y optimismo para la inversión. Para ello se requiere de un sistema legal confiable, de estabilidad política y social, de garantía de respecto al derecho de propiedad, de infraestructura en comunicaciones y electricidad, de estabilidad macroeconómica y de disciplina y compromiso de las autoridades estatales. Todo lo anterior debe servir de base para la principal estrategia en favor de la generación de empleos que consiste en industrializar, industrializar e industrializar.

 

El crédito contra la pobreza

 

Por la vía del crédito. El Estado puede lograr una expansión del empleo y los negocios, logrando que, no sólo los grandes emporios, sino que también las micros, pequeñas y medianas empresas puedan a acceder al crédito. Para ello, se debe garantizar un sistema financiero que, sin desestimular el ahorro, mantenga una tasa de interés de equilibrio accesible a la población. Además, se debe garantizar que la banca canalice gran parte de los ahorros hacia inversiones de largo plazo y con una rígida supervisión estatal, para que el crédito no se quede entre los propios banqueros, sino que llegue a todos los sectores de la sociedad.

 

Para lograr lo anterior es preciso reformar el sistema financiero en su conjunto, de manera que haya mayor apertura, transparencia, participación y competitividad, tanto para el mercado financiero nacional como para el internacional.

 

Por medio de la policía social. El Estado puede elevar su gasto en materia de salud, educación, vivienda y servicios públicos e introducir importantes mejoras en la administración de las áreas sociales, de manera que se aprovechen al máximo los recursos y se le brinde un servicio más eficiente a la sociedad. Para ellos, se cree, que le Estado debe destinar no menos del 40 por ciento de su presupuesto nacional a la inversión social. Sin embargo, es de rigor que el Estado disponga de un fondo de solidaridad para auxiliar a los que por su condición de indigentes, quedan fuera de la competencia laboral y no obtienen ingresos del mercado. Este fondo de solidaridad no erradica la pobreza, pero la mitiga, especialmente cuando fallan los mecanismos de redistribución del sistema de libre competencia

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A su vez, el Estado debe promover un sistema de seguridad social que, sin caer en el paternalismo, garantice el r retiro a cada ciudadano. Para lograrlo, es preciso desmantelar el anticuado y deficiente sistema de “reparto”, para que gradualmente sea sustituido por un moderno sistema de “capitalización individual” que desarrolle los mercados de capitales, aumente el ahorro y la inversión nacional y desarrolle una administración de fondos de pensiones más eficiente. Sin embargo, el sistema debe contar con un mecanismo que garantice la seguridad social a aquellos trabajadores que, por su bajo nivel de ingresos, no pueden por sí solos ahorrar lo suficiente como para lograr una pensión digna. ¡Eficiencia con solidaridad! Es la combinación perfecta. Pero claro está, que estas estrategia contra la pobreza sólo funciona cuando se es un ente productivo y se ésta insertado en el engranaje económico de la sociedad.

 

Finalmente, dado el elevado número de desocupados y de trabajadores informales, se deben crear programas que garanticen a estos ciudadanos una seguridad social aunque sea mínima.

 

Por la vía fiscal. Se cree que el Estado debe imponer un sistema progresivo de recaudación de impuestos, que sin desestimular la inversión, transfiera recursos de la parte más rica de la sociedad hacia los más necesitados. Para ellos es necesaria una política recaudadora que logre una combinaicon de los impuestos al consumo, a la renta y a la propiedad, y una administración tributaria eficiente que estimule al contribuyente, que evite la evasión fiscal y que impida que los empresarios se conviertan en agentes de retención del dinero de la sociedad.

 

Es generalmente aceptado, que una presión fiscal del 25 por ciento del PIB es el tope mínimo para poner al Estado en condición de hacer las inversiones que, no sólo estimulen el crecimiento económico, sino que enfrenten en forma efectiva los problemas sociales, puesto que como se ha dicho, “un gobierno pobre es un gobierno malo”.

 

Por medio de la política agrícola. El Estado debe crear condiciones favorables para hacer más efectiva la oferta y la demanda de la producción agrícola. Del lado de la oferta, se debe desarrollar una política focalizada de préstamos a bajos costos con garantía de riesgo, inversión en factibilidad y de mercados, asesoría técnica y subsidio si fuere necesario.

 

Por la vía de la demanda, el Estado debe promover una política macroeconomía que garantice estabilidad en los precios de la economía para evitar las abruptas oscilaciones en la comercialización de los productos agrícolas. Asimismo, debe promover el consumo de los productos nacionales, estimular las exportaciones agrícolas, ofertar seguros de alto riesgo para las cosechas; y en casos extremos, garantizarles mercados a productores afectados por desastres naturales o por contingencias de carácter internacional.

 

Pero, por su puesto, que el mejor incentivo a la demanda consiste en elevar el nivel de empleo y salarios de la población para que aumente su consumo y su nivel de vida y así compre más productos agrícolas. Finalmente, el Estado puede promover una reforma agraria moderna que beneficie a miles de familias campesinas, de forma tal que modifique la distribución de la propiedad y del ingreso en el campo, y que además contribuya a aumentar la producción nacional. En países como los nuestros, una política agrícola bien delineada es esencial como estrategia contra la pobreza, pues al ser la agricultura una actividad intensiva, contribuye a enfrentar el principal problema de la pobreza que es la desocupación involuntaria.

 

Todo lo anterior, es recomendable, a pesar de la tendencia mundial que resta cada vez más importancia a la agricultura es el Producto Interno Bruto y en la generación de riquezas dentro de la economía del conocimiento de la globalización.

 

A través de la sociedad civil. También, la sociedad civil puede contribuir a organizar a los pobres en torno a sus necesidades básicas de manera que generen iniciativas comunitarias para la solución de problemas que no ameriten de grandes gastos económicos. Asimismo, puede promover iniciativas para facilitar préstamos a bajo costo, asesoría gerencial para el micro y pequeño empresario, así como canalizar ayuda externa y desarrollar programas de educación, alimentación, vivienda y salud que contribuyan a disminuir la pobreza.

 

Educación, tecnología y capital humano

 

Todas las estrategias anteriormente expuestas carecen de sentido si no tienen como soporte el desarrollo del capital humano, la tecnología y la educación. Así, se puede decir que el capital humano es la capacidad productivo del individuo, y la educación es la adición que se hace a esa capacidad productiva por medio del aprendizaje. Es decir, la educación es la inversión que hace productivo al capital humano. Por lo tanto, lo primero que se debe desarrollar en el proceso educativo es la habilidad personal del trabajador, la que a diferencia de las materias primas, no se agota. Así, el valor creciente de una empresa reside en el nivel de educación de sus trabajadores, pues los conocimientos constituyen los activos tecnológicos claves de una empresa moderna.

 

Asimismo, la tecnología es en la economía moderna elemento clave en la formación del valor dentro del proceso productivo, por lo que ninguna empresa pude ser competitiva si no le añade el valor tecnología a la producción. Entonces, se puede decir que la tecnología es la base sobre la que se sustenta el desarrollo en la actualidad, es la que crea las ventajas competitivas, es la que añade el valor, es la base del Poder. Así, si la educación es la que le da contenido a la educación, por lo que capital humano, educación y tecnología son la trilogía perfecta para hacer competitiva cualquier economía.

 

Entonces, ningún gobierno puede ignorar esta realidad sin afectar profundamente el proceso de desarrollo, por lo que se da por sentado que una inversión del 6 por ciento anual del PIB en el sector educativo es el requisito mínimo para hacer competitiva una economía. Asimismo, una inversión del 1.5 por ciento cada año en Investigación y Desarrollo (I y D) de nuevas tecnologías, es el tope básico recomendable para logar avances científicos para el desarrollo.

 

Finalmente, podemos concluir que capital humano, educación y tecnología, aunados a las estrategias anteriores, representan la clave para romper el círculo vicioso de la pobreza y salir del subdesarrollo.

 

Los mecanismos internacionales

 

Por la vía externa se puede enfrentar la pobreza a través de los préstamos internacionales, ya sean privados, bilaterales o multilaterales; mediantes a la ayuda externa, ya sea a través de donaciones o de cooperación técnica; por medio de la inversión extranjera o por la vía de la integración.

Por medio del crédito internacional. Es generalmente aceptado que abriendo los mecanismos de créditos internacionales, nuestros países podrán tener los recueros para la inversión que necesitan. Se cree también, que son preferibles los préstamos bilaterales o multilaterales por ser más blandos y por ser contraídos con entidades más flexibles. Sin embargo, se cree que el endeudamiento de un país debe ser inferior al 30 por ciento de su Producto Interno Bruto, de modo que el servicio de la deuda externa quede siempre por debajo del 560 por ciento de sus exportaciones.

 

Por la vía de la ayuda internacional. Se da por sentado, que la ayuda de los países desarrollados es imprescindible para enfrentar la pobreza en el mundo, especialmente cuando decenas de países han dejado de ser atractivos para la inversión extranjera, inviables para préstamos internacionales y sobre todo cuando se sabe que estos países han quedado fuera de la competencia internacional y de los beneficios del mercado mundial. Así se cree, que para que la ayuda puede ser efectiva, los países ricos deben destinan entre 0.7 y el 1.5 por ciento de su Producto Interno Bruto a la ayuda internacional. Esta estrategia no erradica la pobreza, pero sirve de amortiguador en un mundo que no posee mecanismo de retribución internacional alguno para equilibrar los niveles de vida en la globalización.

 

Por medio de la inversión extranjera. Hoy es aceptado por casi todo el mundo que la inversión extranjera en uno de los mecanismo más eficientes de generación de empleos estables y bien remunerados, así como una forma efectiva de aumentar las exportaciones, generar transferencias tecnológicas, mejorar la balanza comercial y de pagos y dinamizar la economía interior tras generar demanda de los productos nacionales.

 

Para lograra atraer inversión extranjera es necesaria una política exterior agresiva, modernos sistemas de información internacional, promotores de inversión externa bien entrenados y un fino sentido de la oportunidad en la cacería internacional por la inversión. Además, para generar confianza en el inversionista, se debe garantizar un crecimiento económico elevado y sostenido, un sistema judicial trasparente, estabilidad en las instituciones políticas y equilibrio macroeconómico.

 

Por la vía de la integración. Finalmente se cree que integrando nuestras economía en bloques comerciales se puede lograr una mayor escala en la producción que amplié los mercados internos para que los empresarios aumenten el tamaño de las empresas y así creen más fuentes de empleos. Para lograr la meta anterior, se precisa de una política comercial abierta, de un legislador favorable, de su equipo de negociadores del más alto nivel, del consenso y compromiso de los empresarios y del apoyo decidido del Estado.

 

Sinembargo, es bueno recordar que lo más importantes en estas estrategias no es la cantidad de inserción internacional, sino la calidad de la misma. Desde el siglo pasado nuestros países han estado integrados en el mercado mundial, aunque con pobres resultados. Por lo que integrarnos como parientes pobres, sin capacidad tecnología ni gerencial ni de mercadeo, sobre la base de un comercio desequilibrado, en medio de un corriente deterioro de los términos de intercambio de nuestros principales productos de exportación, es una integración de mala calidad.

Lo anterior quiere decir, que como no podemos eludir esta imposición del capitalismo de fin de siglos, nuestros países deben acelerar las reformas que nos pongan en condiciones de competir en los mercados internacionales, si es que queremos una integración eficaz.

 

Los pobres contra su propia pobreza

 

En resumen, para evitar que los pobres sigan siendo permanentes destinatarios de ayuda material, es preciso integrarlos al sistema, ya que sea como trabajadores o como pequeños empresarios. Y para ellos es necesario introducir importantes cambios estructurales que permitan un crecimiento económico concebido para abarcar a todos los sectores de la población y una deliberada política de distribución del ingreso destinada a combatir la pobreza. ¡Crecimiento con redistribución!, debe ser la consigna. Pero dado que la pobreza no puede remitirse a una sola causa, las estrategias aisladas están condenadas al fracaso, porque debe haber una integración de lo mejor de las estrategias arriba estudiadas.

 

Sin embargo, la experiencia ha demostrado que ninguna estrategias para enfrentar la pobreza tendrá éxitos si no cuenta con el respaldo de los propios pobres, puesto que son ellos mismos los que deben esforzase por mejorar su condición y no caer en la resignación y en el conformismo. Una política de desarrollo destinada a reducir la pobreza no puede reemplazar la falta de esfuerzo de los pobres, sino que sólo puede reforzar dichos esfuerzos creando condiciones más favorables.

 

Gedeón Santos (Tomado de su libro:  “El PLD Frente a la Pobreza y la Globalización“)