El Síndrome de Corea Del Norte

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Análisis Internacional

 

En los últimos meses ha trascendido en el escenario internacional la hambruna por la que atraviesa la República de Corea del Norte. Informes de prensa dan cuenta de que aproximadamente 60 mil norcoreanos al años podrían morir en ese país debido a la severa desnutrición, la que según tres agencias de socorro se está expandiendo entre la población en general. Pero, ¿Qué pasa realmente en Corea? ¿Por qué el interés de potencias como Estado Unidos, Japón y China en el problema coreano? ¿Qué experiencias se pueden sacar de esta terrible crisis que padece el único país que realmente conserva un sistema socialista?

 

Desde 1948, Corea del Norte se constituyó en unos de los más radicales bastiones del socialismo internacional. Su ubicación dentro del eje soviético durante la guerra fría le aportó importantes recursos económicos en ayuda técnica, asesoramiento militar, venta de petróleo a bajos precios, ayuda económica directa y seguridad estratégica.

 

Su cercanía con China también le aportó importantes recursos. Pero desde principios de la década de los 70 su economía comenzó a dar señales de estancamiento, que se agravó con el fin de la guerra fría, pues su principal socio, la URSS, desapareció y Rusia disminuyó al mínimo su ayuda economía. China, por su parte, concentrada en su proyecto de reformas económicas capitalistas, se alejaba cada vez más, ideológica y económicamente de su vecino. Estos acontecimientos, más sus errores de política interna, iniciaron el alejamiento de Corea del resto del mundo.

 

En 1984 se inició un proceso para romper el aislamiento al firmar una ley que permitiría acuerdos joint-ventures con firmas extranjeras; pero pronto dieron marcha atrás cuando en 1989 el Partido del trabajo lanzó una campaña de “rectificación ideológica” en la que se denunciaban  los “vientos del liberalismo burgués”. Esta posición ortodoxa los alejaba de los avances tecnológicos, la inversión extranjera y los intercambios comerciales que se desarrollan en la región y en el mundo, aumentado así el aislamiento y el empobrecimiento del país.

 

La pobreza se aceleró con el absurdo aumentado del presupuesto militar, que consumió en 1994 hasta el 26 por ciento del Producto Nacional Bruto, el segundo más alto en el mundo; con las inundaciones y la sequía que durante dos años consecutivos han azotado el país asiático y con el fracaso de la economía socialista.

 

A partir de esos hechos, se le llama “síndrome de Corea del Norte” a todo país que experimenta un proceso de involución y empobrecimiento creciente producto de su aislamiento del sistema capitalista internacional. Pero parece ser que los occidentales auxiliarán con miles de millones de dólares a Corea del Norte, pues este país representa una potencial amenza a la estabilidad de la región asiática. Primero está el peligro de una guerra nuclear contra el Sur que afectaría grandes interés de Estados Unidos y de Japón en ese país; segundo, los costos financieros de una eventual guerra, y tercero, la migración hacia el Sur que acercaría un conflicto. China por su parte ayudaría para evitar la reunificación, pues una Corea unida sería un competidor creíble a los productos chinos. Bajo ese panorama, a Corea del Norte no le queda otro camino que dar marcha atrás y negociar si no quiere que su población continúe muriéndose de hambre y la economía se hunda en el colapso total.

 

Nosotros, en República Dominicana, debemos observar este nuevo síndrome, pues es un patente ejemplo de lo que nos podría pasar si no nos insertamos en la competitiva economía mundial, la que, aunque con sus defectos, representa la única alternativa real en el nuevo orden mundial que está creando el fin de la guerra fría. 

 

El Unilateralismo en la Política exterior de EU

 

Con el avance de la globalización y el fin de la guerra fría, se pensó que las políticas unilaterales de las superpotencias mundiales disminuirían y le darían paso a una era de convivencia basada en la autoridad colectiva de las instituciones multilaterales regionales y mundiales.

 

Pero la realidad ha sido otra: los acontecimientos políticos, económicos y militares de los últimos años han demostrado todo lo contrario, pues potencias como Estados Unidos desarrollan una política exterior de unilateralismo que afecta los procesos de integración del Continente y del Mundo.

 

Hasta la formación de las Naciones Unidas, la política exterior unilateral de las potencias era un hecho que le había costado mucha sangre y sacrificio a la Humanidad. Las dos guerras mundiales fueron la expresión más patente de hasta donde pueden llegar las naciones que actúan de espaldas al resto del Mundo.

 

La guerra fría alimentó también el unilateralismo, pues las dos potencias hegemónicas actuaban de espaldas a la comunidad internacional y de los organismos regionales en nombre de la seguridad y de la defensa de sus perspectivas ideológica. Aunque con el fin de la guerra fría Estados Unidos disminuido en su poder económico, pero emerge como la única superpotencia militar del Planeta. A partir de entonces, el mundo se transformaría económicamente en multipolar, pero militarmente en unipolar.

 

Esa condición de potencia hegemónica unipolar de Estados Unidos, expresadas principalmente en la aplicación extraterritorial de leyes nacionales como la Helms Burton que intenta perjudicar a empresas extranjeras que inviertan en Cuba; en los procesos de “certificación” para los países, que a criterio unilateral de Estados Unidos, combaten el narcotráfico; en los castigos a naciones, que según el coloso del Norte, no protegen el medio ambiente. Además, Estados Unidos mantiene una política unilateral frente al caso de Cuba en vez de enfrentarlo a través de organismos multilaterales como la OEA; junto a otras potencias pretende reforzar el poder de organizaciones privadas como el G-7 en detrimento de la autoridad de las Naciones Unidas; también refuerzan a la OTAN en contra de las fuerzas militares de la ONU. Asimismo, unilateralmente ha llevado a acabo ocupaciones a países soberanos, promoviendo descarriamiento de gobiernos, declarado boicots, implantado sanciones, recortando ayudas, impuesto embargos, etc., todo hecho en nombre de la seguridad nacional y de espaldas a los organismos internacionales.

 

Todas esas acciones unilaterales, no sólo violan los principios fundamentales de derecho internacional y de la Carta de las Naciones Unidas, sino que traza una pauta peligrosa en las relaciones internacionales, pues daría pábulo para que otras potencias actúen de la misma manera.

 

Además el unilateralismo cercena los ideales de democracia en las relaciones entre países, les resta autoridad a los organismos internacionales, genera tensiones regionales y mundiales, y especialmente reproduce del imperialismo en el Mundo.

 

Pero el unilateralismo a quien más afecta es a los países pequeños, los cuales por su escaso poder, no tienen ni capacidad de negociación ni respuesta de poder, por lo que son presa fácil del uso de la fuerza. Por lo tanto, países como la República Dominicana deben oponerse siempre al uso del unilateralismo como instrumento de política exterior, y promover el fortalecimiento de todos aquellos aspectos del sistema internacional que limitan el uso arbitrario del Poder, como son el derecho internacional, los organismos internacionales, la moralidad internacional, la opinión pública mundial y principalmente el balance de poderes en el Mundo.

 

Creemos que con políticas unilaterales no se resolverán los problemas que aquejan al continente y al mundo. El fracaso del embargo a Cuba, los tibios resultados de la lucha contra las drogas, el lento resultado de las políticas sobre el medio ambiente, son sólo unos pocos ejemplos de que sin el respaldo internacional los Estado Unidos fracasarán en su unilateralismo.