El Síndrome de Colombia

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En las últimas dos décadas Colombia se ha caracterizado por un estado de crisis y conflictos permanentes. Una oleada de locura destructiva atenta contra la vida del propio Estado y la sociedad.

 

Tantos son los problemas que norman la vida de ese país, que muchos han llegad a pensar que se dirige al colapso total. Pero, ¿Qué pasa realmente en Colombia? ¿Qué razones han llevado a uno de los países más ricos de América a un estado de crisis tan profundo? ¿Qué lecciones se pueden extraer de la desgracia del país sudamericano?

 

Desde finales de los años sesenta Colombia inició un proceso de crisis económica, social, política y moral caracterizado por la concentración de las riquezas, la cultura y el poder político. Para entonces, los más ricos, que representaban el 5 por ciento de la población, controlaban el 40 por ciento, sólo disponían de una proporción inferior al 16 por ciento de ese ingreso. Asimismo, sólo dieciséis empresas controlaban el 82 por ciento del capital total de la economía.

 

Ese panorama de desigualdad generalizada aunada a la falta de legitimidad democrática ya la falta de oportunidades económicas y sociales, desencadenó un profundo proceso de desorganización y descomposición de la sociedad colombiana expresada en la violencia, la inseguridad colectiva, la corrupción, la guerrilla, el narcotráfico y la impunidad. Hoy en Colombia operan cinco ejércitos: el de la república, el de la guerrilla, el de los narcotraficantes, el de los paramilitares y el de las milicias ciudadanas. El año pasado fueron asesinadas 26,642 personas, 1,608 fueron secuestradas y 572 masacradas. Según la Comisión Colombiana de Juristas, en ese país se producen desde 1988 un promedio de 10 homicidios políticos por día, se produce un caso de tortura cada 24 horas y mueren tres personas diariamente como consecuencia de la luchar guerrillera.

 

Este panorama social se ha alimentado de la aguda crisis económica que ha generado desempleo, aumento del endeudamiento externo, fuga de capital, estancamiento industrial, déficit fiscal, disminución de la inversión extranjera y aumento de la pobreza. Todo lo anterior ha generado una profunda crisis política caracterizada por la insistente petición de renuncia del presidente, por la agudización del conflicto armado y el aislamiento internacional, así como por la falta de credibilidad en las instituciones del Estado y en los partidos políticos, por la crisis de la moral pública y el deterioro de la imagen de Colombia como país.

 

Puede decirse que Colombia es el país de los conflictos generados por intereses clasistas, hasta los conflictos étnicos y de identidad. Desde las luchas campesinas hasta los conflictos entre partidos políticos, desde el conflicto guerrillero hasta el de los derechos humanos y los conflictos de la vida cotidiana. Pero el mayor problema que confronta ese país es el de narcotráfico que ha logrado penetra las más profundas células de la sociedad colombiana. Hoy, el dinero del narcotráfico ha penetrado en el comercio, la banca, la industria, los partidos y el Estado; sus inversiones van desde compra y venta de vehículos hasta mueblerías, restaurantes y almacenes de calzados. Sus actividades van desde el financiamiento de campañas electorales hasta la compra de jueces, periodistas y medios de comunicación; desde el asesinato hasta el secuestro, la extorsión y el soborno. Pero lo que más le ha dado fuerzo al narcotráfico ha sido la creciente demanda de sustancias narcóticas en los países industrializados especialmente Estados Unidos.

 

Por todo lo anterior se le llama “síndrome de Colombia” al proceso de deterioro y descomposición general que experimenta una sociedad infectada por el narcotráfico general que experimenta una sociedad infectada por el narcotráfico y la corrupción y la guerrilla sólo son manifestaciones de problemas más profundos, por lo que la esencia de la enfermedad colombiana hay que buscarla en la concentración de las riquezas, en la promoción del lucro fácil e inmediato, en la reproducción de las condiciones de pobreza, en la falta de institucionalidad, en la impunidad y en la falta de una clase gobernante que establezca las reglas del juego e imponga su autoridad en la sociedad y en el Estado.

 

Nosotros en República Dominicana debemos vernos en el espejo colombiano, pues las razones que han llevado a Colombia al borde del colapso, están en desarrollo en la sociedad dominicana, y aunque todavía nuestros problemas están bajo control, un ahondamiento de la falta de oportunidad y de la pobreza podría reproducir en nuestro país “el síndrome de Colombia”.