El modelo monetarista del FMI y sus recetas

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Para comienzos de la década de 1970, serios desequilibrios internos y externos afectaron a nuestros países, desequilibrios producidos en su mayoría por la elevación de los precios del petróleo, por la baja en los precios de nuestros principales productos de exportación, por la recesión que padecía la economía mundial y como consecuencia de profundos errores en la conducción de nuestras políticas internas.

 

Esos problemas hicieron que nuestros países iniciaran una alocada carrera de endeudamiento externo que luego se intentó encarar acudiendo al financiero del Fondo Monetario Internacional (FMI), institución que exigía el cumplimiento de un rígido programa neoliberal de corte “monetarista” para poder dar acceso a sus recursos. Por lo que para juzgar adecuadamente las políticas del FMI, hay que hurgar aunque sea a grandes rasgos, en el paradigma teórico que le servía de sustento es decir, en “el monetarismo”.

 

El monetarismo del FMI

El “monetarismo” moderno se basa en la idea de que todo incremento en la oferta monetaria, es decir, cada nueva cantidad de dinero en circulación se manifiesta en un aumento de la tasa de inflación. Su postulado más conocido es el aforismo de Milton Firdman (Premio Nobel de Economía y profesor de la “escuela de Chicago”) que reza que la “la inflación es en todo momento y en todo lugar un fenómeno monetario”, por lo que proponen que la cantidad de dinero en circulación no debe nunca encender al crecimiento real de la economía, si se quiere mantener el equilibrio macroeconómico y controlada la inflación.

 

A nivel externo, el modelo se basó en el “enfoque monetarista de una economía abierta” desarrollado por el economista de la “escuela de Chicago” Harry Johnson, quien planteaba que los equilibrios externos de los países subdesarrollados es decir, los desajustes entre lo que el país recibe en divisas y lo que tiene que pagar en exterior, vienen dados por un exceso de dinero en circulación motivado por los elevados gastos del Gobierno, lo cual genera un proceso inflacionario que hace que los precios de los productos nacionales sean más caros que las mercancías extranjeras en el mercado interno y externo.

 

Según este enfoque monetarista, lo anterior produce un aumento de las importaciones y una disminución de las exportaciones, lo que, a su vez, trae una demanda de divisas extranjeras que la economía no está en capacidad de suplir. Entonces como la economía tiene poca entrada y mucha salida de divisas, es evidente que esto traerá un desequilibrio.

 

Por lo que recomienda que la tasa de inflación internacional no puede ser nunca mayor que la inflación internacional. Es decir, la inflación dominicana, por ejemplo, no puede ser nunca mayor que la inflación puertorriqueña; porque de lo contrario, sería mucho más atractivo para los comerciantes nacionales y extranjeros comprar los productos puertorriqueños, que las mercancías dominicanas.

 

La finalidad global del modelo era poner a nuestros países en condiciones de pagar la deuda externa y así evitar un posible colapso del sistema financiero internacional. Para conseguir ese propósito tenían como meta estimular las exportaciones para generar los dólares del pago de la deuda y lograr un equilibrio macroeconómico sin necesidad de contraer la economía y sin inflación; lo que, al mismo tiempo, se lograba con la imposición de una férrea disciplina a los gobiernos que solicitaban la ayuda del Fondo.

 

Las recetas del FMI

 

Las recetas de este primer modelo consistían en:

 

*Contracción de la demanda, esto es, recorte en los gastos de los consumidores locales, mediante la imposición de controles gubernamentales (el único control gubernamental promovido por el FMI);

 

*Devaluación de la moneda, lo cual bajada el precio de las exportaciones del país, haciéndolas (en teoría) más atractivas para los compradores extranjeros;

 

*Liberación del comercio exterior, vale decir, eliminación de los controles gubernamentales a las importaciones, lo que es lo mismo que disminución de aranceles;

 

*Liberación de precios, que implica por lo general; la eliminación de los controles de precios;

 

*Reducción del déficit presupuestal, especialmente mediante la eliminación de los subsidios gubernamentales a los alimentos, los combustibles, el transporte y el gasto social;

 

*Reestructuración de los precios relativos esto es, aumento de los precios de sectores tales como la energía eléctrica, la agricultura y las exportaciones;

 

*Incremento de las tasas de interés a sus niveles naturales de mercado para estimular la fuga de capitales y para atraer ahorro externo;

 

*Eliminación de los subsidios gubernamentales a la inversión;

 

*Reducción de la inversión estatal en la economía, lo que equivale a impedir la crearon de nuevas empresas públicas, racionalizar, y algunas veces privatizar.

 

*Establecimiento de topes a los salarios para evitar un consumo inflacionario y para hacer atractivo el precio de la mano de obra a la inversión extranjera.

 

Los resultados del modelo

 

Pero las políticas de ajuste estructural del Fondo Monetario Internacional no resolvieron en forma definitiva los problemas para lo que fueron diseñadas. Lo que produjeron, en cambio, fue recesión y desindustrialización, nuevas escaladas inflacionarias, permanencia de los desequilibrios externos, una profunda concentración del ingreso y, en la mayoría de los países, represión política.

 

En un análisis reciente de 226 programas respaldados por el Fondo, durante el periodo 1979-1989, se demuestra que el 52 por ciento de estos programas fracasaron; por lo que se puede decir que el modelo fondomonetarista logró estabilizar las economías, pero no logró el desarrollo esperando, es decir, nuestros países alcanzaron una “estabilización sin desarrollo”.

 

En primer lugar, la devaluación y la baja arancelaria no generaron el aumento de las exportaciones esperados, puesto que la rigidez de los aparatos productivos de nuestros países no respondió a los estímulos para exportar; lo que generó en cambio, fue inflación, nuevas devaluaciones y redistribución desigual del ingreso. En segundo lugar, la política monetaria de restricción del crédito interno a través del aumento de las tasas de interés, limitó las posibilidades de inversión, lo que degeneró de igual forma un aumento del desempleo. En tercer lugar, las reducción del gasto corriente y de capital de los gobiernos, aminoró considerable la inversión, lo que se tradujo en una disminución del crecimiento económico en momentos en que el sector privado no tenía la capacidad para responder a los requerimientos del desarrollo. Y en cuarto lugar, los topes a los salarios generaron una reducción de la demanda de los productos nacionales. Lo que a su vez generó estancamiento y más desempleo.

 

Todas esas consecuencias adversas fueron crenado un clima hostil a las recetas del Fondo Monetario por parte de sectores empresariales, trabajadores, y sectores políticos y populares, y se creó con ello un panorama de inestabilidad que condujo a una forma de cinismo en el que las condiciones del organismo internacional eran aceptadas, pero no eran implantadas en forma total, solo se aplicaron bajo regímenes dictatoriales altamente represivos.

 

¿Por qué el fracaso parcial del FMI?

 

Las razones por las cuales las políticas de ajustes del FMI no dieron los resultados esperados, en todos los casos, se debió, no a la falta de consistencia lógica, sino a que simplemente, los factores básicos del modelo no se daban es ese preciso momento en la realidad de nuestros países. Por un lado, el modelo estaba diseñado para responder a economías cercanas al pleno empleo, pero en los países subdesarrollados el problema era que recursos como la tierra y el trabajo no estaban empleados plenamente, al contrario, la característica de nuestros países es la desocupación de esos recursos económicos.

 

Por otro lado, el FMI planteó la liberación comercial y financiera en un momento en que nuestros piases no tenían nada que ganar en el comercio internacional, puesto que la economía mundial experimentaba un agudo estancamiento y las potencias industrializadas practicaban un intenso proteccionismo.

 

Además, para ese entonces no se habla de globalización, ni de apertura comercial, ni muchos menos de integración mundial. Asimismo, el modelo no tomó en cuenta que muchos de nuestros desequilibrios no obedecen tanto a distorsiones en los precios o a un exceso de demanda, sino a desajustes estructurales propios del subdesarrollo, tales como retraso tecnológico, baja productividad, escasez de capital y de mercados, etc. Es decir el FMI intentó “ajustar la realidad de nuestros países a los supuestos del modelo, en lugar de que éste se ajustara a la realidad especifica de nuestros países”.

 

Todo lo anterior, obligó a reformulaciones del modelo, no sólo por los fracasos obtenidos, sino porque las condiciones habían cambiado; puesto que el fin de la guerra fría le daba paso al proceso de globalización y a una era dominada por la distensión mundial, la apertura comercial la integración regional y mundial y el desarrollo tecnológico. Todo lo cual favorecía la emergencia de un nuevo modelo neoliberal que se ajustara a esa realidad. El nuevo paradigma para los países “en desarrollo” no es más que el llamado “Consenso Washington”.

 

Gedeón Santos (Extraído de su libro “El PLD Frente a la Pobreza y la Globalización”)