El Consenso Washington como Nuevo Paradigma

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El término “Consenso Washington” ha sido acuñado por el economista estadounidense John Williamson y es una síntesis de las políticas económicas que el FMI, el Banco Mundial, el BID y el gobierno de los Estados Unidos sugieren a los países de América Latina como condición previa para asistirlos en sus problemas de deuda externa, para concederles nuevos préstamos, o para recomendarlos favorablemente ante la comunidad financiera internacional. Según John Williammson, compilador ideológico de las propuestas, “el Consenso Washington identifica 10 áreas en las que investigadores y formuladores de políticas de Washington pueden, discutiblemente, integrar un consenso suficientemente amplio respecto al carácter de las reformas económicas que los países deudores deberían tener como objetivo”.

 

El “Consenso Washington” parte del criterio de aceptar la globalización de la economía mundial como una realidad incuestionable, por lo que plantea la necesidad irreversible de insertarse en una ella. Cree que a través de la adopción de la economía de libre mercado la región puede el crecimiento hacia fuera, la apertura comercial y financiera, la estabilidad monetaria y cambiaria, la desregulación de los mercados internos, la flexibilización laboral, la privatización de empresas y demás servicios estatales, la reforma del Estado y la normalización en el cumplimiento de los compromisos externos.

 

El también llamado “Decálogo Washington” es una versión superada del modelo monetarista neoliberal aplicado por el Fondo Monetario Internacional, pues en vez de plantear la eliminación del Estado como agente económico, le asigna nuevos papeles; y plantea nuevos conceptos como reducción de la pobreza y las desigualdades sociales, protección del medio ambiente y lucha contra la corrupción. Por lo que se puede decir que el “Consenso Washington” es una especie de neoliberalismo con rostro humano. Aunque es bueno aclarar que la parte humana del modelo fue introducida luego de la primera crisis del “Consenso Washington” ocurrida con la debacle financiera de México en 1995 y con su posterior “efecto tequila”.

 

La importancia de este nuevo paradigma reside en que para bien o para mal, ya sea por imitación, contagió o por imposición, se está aplicando hoy simultáneamente, en casi todos los países de América Latina.

 

El decálogo Washington

 

Las recetas del Consenso Washington para las reformas estructurales son:

 

1Disciplina fiscal: quiere decir, que en Washington existe el consenso de que el déficit del sector público (la diferencia entre lo que el Gobierno recibe y lo que gasta) debe ser tan pequeño que el Gobierno no tenga que recurrir a un aumento de los impuestos o una emisión de dinero inorgánico; lo que implica un déficit no más alto del 2 por ciento del Producto Interno Bruto (PIB)

 

2) Reorientación del Gasto Público: que implica una disminución del gasto burocrático-administrativo del Gobierno central, una reducción de los gastos en defensa y una baja de los subsidios al sector privado. Todo lo anterior debe hacerse con la finalidad de destinar esos ahorros a mejorar los servicios de salud, educación primaria e infraestructura básica.

 

3) Reforma fiscal: quiere decir, que los políticos de Washington creen que se debe ampliar la cantidad de contribuyentes, reducir las tasas de los impuestos, mejorar la administración de los funcionarios recaudadores y establecer impuestos especialmente al consumo y a los interés provenientes de activos en el exterior.

 

4) Liberación financiera: supone que las tasas de interés deben continuar siendo fijadas por el mercado, pero que no sean tan bajas como para generar fugas de capitales al exterior, ni tan altas que frenen las inversiones y el crecimiento económico.

 

5) Política cambiara: platean un tipo de cambio, es decir, un valor de la moneda que refleje la realidad del mercado, pero que preserve la competitividad internacional e induzca a un crecimiento de las exportaciones no tradicionales. Asimismo, se da por sentado que un tipo de cambio unificado es preferible a un tipo de cambio múltiple.

 

6) Liberación comercial: implica que Washington favorece, por lo general, eliminar las restricciones al comercio exterior, lo que quiere decir, una baja arancelaria a las importancias de entre el 10 y el 220 por ciento.

 

7) Inversión extranjera directa:el consenso en Washington es que se deben eliminar las barreras a la inversión extranjera para que las empresas nacionales y las extranjeras compitan en igualdad de condiciones. Además, creen que la inversión foránea trae el capital necesario, lo mismo que el conocimiento y la tecnología que les falta a los países en desarrollo.

 

8) Privatizaciones:tiene como objetivo aliviar las cargas de las finanzas públicas, adquirir dinero efectivo para el pago de la deuda y otros compromisos y eliminar la necesidad de financiar nuevas inversiones que provoquen déficit.

 

9) Desregulaciones:es muy popular en Washington la idea de eliminar las regulaciones que restrinjan la competencia y que impidan el ingreso de nuevas empresas. Proponen que sólo se deben mantener las regulaciones que preserven la seguridad nacional, el medio ambiente, los servicios públicos y la supervisión bancaria.

 

10) Derechos de propiedad: casi todos en Washington están de acuerdo en que unos derechos de propiedad bien asegurados constituyen un prerrequisito básico para que el capitalismo opere en forma eficiente. Para lograr que se cumpla con los derechos de propiedad plantean la transformación del sistema legal, del sistema de contabilidad; así como la imposición de estrictas regulaciones y de una eficiente administración gubernamental.

 

 

Los resultados del modelo

 

En materia fiscal. El principal logro de las reformas promovidas por el Consenso Washington ha sido la reducción del déficit del Gobierno a niveles cercanos al de los países desarrollados, así como los avances en materia tributaria que han reducido el número de impuestos, aumentado la cantidad de contribuyentes y simplificación de los procedimientos burocráticos.  Aunque la evasión fiscal es todavía muy elevada, llegando a alcanzar hasta el 70 por ciento en países como Perú y Bolivia.

 

En materia monetaria y cambiaria, el principal logro  ha sido el control de la inflación cuyas tasas han sido las más bajas en los últimos 25 años, el logro que se ha conseguido, no sólo restringiendo el crédito y la emisión monetaria, sino reduciendo los déficits fiscales. Asimismo los bancos centrales han adquirido mayores niveles de autonomía respecto a los gobiernos, lo que le ha permitido mantener un tipo de cambio competitivo cercano a la realidad del mercado. Sin embargo, no se ha encontrado aún un modelo para regular los movimientos de capacítales a corto plazo (capitales golondrinas para evitar crisis financieras como la mexicana de 1995.

 

En materia de privatizaciones se han conseguido importantes logros que van desde un aumento en la eficiencia general de la economía, mejor productividad y servicio al cliente; pasando por la percepción de impuestos a empresas que antes, por ser estatales, no tributaban; hasta el alivio a las finanzas públicas con la eliminación de los subsidios a las empresas privatizadas.

 

En materia de apertura económica y de integración, el “Consenso Washington” ha logrado importantes avances estableciendo aranceles aduaneros no superiores al 20 por ciento, desarrollados en la integración regional con el NAFTA, el MERCOSUR, el CARICOM, etc., y permitiendo acceder a tecnologías más avanzadas; asimismo la apertura comercial ha ayudado a que el consumidor exija mejor calidad y precio, ha facilitado la competitividad de los mercados internos, ha actuado como un freno a las inflaciones internas y ha logrado disminuir la corrupción en los sistemas aduaneros y portuarios, etc. Sin embargo, la apertura a las importaciones no fueron acompañadas por una expansión similar a las del campo de las exportaciones; y a pesar de que los intercambios han crecido respecto del comercio fuera de la región aun es incipiente el comercio intrarregional.

 

Problemas del modelo

 

En primer lugar, los cambios estructurales logrados en la economía no se han extendido al campo político y no se percibe un fortalecimiento del estado de derecho; y los procesos de cambio estructural aún no están lo suficientemente institucionalizados, puesto que todavía se personalizan en la figura del presidente.

 

En segundo lugar, no se ha incrementado el ahorro interno el cual está entre el 8 al 14 por ciento cuando debería estar entre el 18 al 23 por ciento del PIB.

 

En tercer lugar, se ha registrado un aumento alarmante del desempleo, producto de la racionalización de las empresas públicas y privadas, de la inclusión de nuevas tecnologías, del aumento de la demanda de trabajo por parte de las mujeres etc.

 

En cuarto lugar, la deuda externa no se ha reducido, al contrario, ha aumentado en cerca del 40 por ciento, al pasar de 426 mil millones de dólares en 1987 a 603 mil millones en 1996.

 

En quinto lugar, no existe una política efectiva de apoyo a la pequeña y mediana empresa que permita incrementar la igualdad de oportunidades, generar nuevos puestos de trabajo y mejorar la distribución del ingreso.

 

En sexto lugar, no se ha desarrollado una efectividad política de defensa a los consumidores, lo que en muchos casos son presa fácil de la voracidad del mercado.

 

Y en séptimo lugar, sigue ausente el crecimiento con equidad, pues la desigualdad y la pobreza no han sido reducidas, ni siquiera en Chile y Bolivia que son los países modelo.

 

Los defectos del paradigma

 

El primer problema del “Consenso Washington” es que como no logra elevar el ahorro interno, resulta altamente dependiente de los recursos externos, lo que hace que nuestras economías estén constantemente expuestas a los vaivenes del Sistema Financiero Internacional, caracterizado por la especulación y la volatilidad financiera. El segundo problema del paradigma es que se basa en un sistema intensivo en capital y tecnologías y no emplea en forma intensiva ni mano de obra ni recursos naturales. Esto parece ser una ventaja más que un problema, pero en una región donde abunda el desempleo las tres cuartas partes de la fuerza laboral y donde los recursos naturales representan una alta proporción de las exportaciones, un sistema que sólo haga hincapié en el capital y la tecnología, lo que hace es generar más desempleo.

 

Por su lado, la integración supranacional promovida por el modelo, tiende a favorecer a las empresas más integradas al mercado mundial, mientras que el resto de las empresas nacionales experimentan un marcado estancamiento. Además, la integración potencia el crecimiento de los conglomerados de mayor dimensión que están mejor preparados para la competencia; y el fenómeno de “goteo” (spill-over) que hace que los beneficios desciendan desde las empresas grandes hacia las mediana, y de éstas hacia las pequeñas, no se verifica en nuestros países puesto que las empresas grandes pueden importar sus insumos sin tener que depender de las pequeñas.

 

Pero el “Consenso Washington” adolece también de un plan de financiamiento al desarrollo con la coherencia y la dimensión que tuvieron el “Plan Marshall” para la reconstrucción de Europa y el programa masivo de ayuda a la región de Asia – Pacifico, pues en nuestros países la falta de capital para la inversión es tan dramática, que solo se puede comparar con la devastación provocada por una guerra. Por último, el problema de la pobreza no ha podido ser atenuado ni siquiera por el país de mayor éxito en las reformas como lo es Chile, puesto que el modelo pone encima del acto social, el saneamiento de las finanzas públicas, el cumplimiento escrito del pago de la deuda y el equilibrio macroeconómico.

 

Entonces, como los problemas de pobreza y de equidad siguen pendientes, la realidad demanda de un nuevo paradigma, que sin olvidar la estabilidad económica, haga énfasis en las políticas sociales. Ese nuevo modelo de desarrollo no es más que la “Economía Social de Mercado”.

 

Gedeón Santos (Extraído de su libro “El PLD Frente a la Pobreza y la Globalización”)