Dificultades económicas para enfrentar la pobreza

Flavio – Flavio da Silva feeding his brother, Zacarias. Rio de Janeiro, 1961

 

Los éxitos de los tigres asiáticos en su lucha contra la pobreza han suscitado la esperanza de poder trasladar el modelo económico de esa región al resto de los países pobres. Sin embargo, el fin de la guerra fría y la globalización han cambiado los escenarios de los años sesenta y setenta (cuando esos países lograron su despegue económico), por lo que la aplicación de algunos aspectos esenciales del modelo asiático confronta hoy serias dificultades.

 

El problema del ahorro

 

El primer problema a que se enfrenta un gobierno en su lucha contra la pobreza es la dificultad para generar o promover un ahorro elevado sin afectar a la población y a los sectores productivos, pues un elevado ahorro interno depende de una política de austeridad, de aumentos en los impuestos, de tasas de interés elevadas y de un aumento de los niveles de ingreso de la población y de los empresarios. Pero estas variables, a pesar de ser correctas desde el punto de vista económico, tienden en principio a afectar a la población y altos sectores productivos, pues una política de austeridad implica una disminución del gasto y de la inversión; un aumento de los impuestos implica una disminución real de los ingresos y la elevación de las tasas de interés encarecen los préstamos para la inversión.

 

Estas medidas restan votos y apoyo de los sectores de poder. Entonces, una sociedad que no ahorra no puede invertir, y una sociedad que no puede invertir no puede crecer, y una sociedad que no puede crecer no puede generar empleos, y una sociedad incapaz de generar empleos no puede enfrentar la pobreza.

 

Otro problema que afecta el ahorro es el “efecto demostración” que lleva a los países pobres a querer imitar el nivel de consumo de los países ricos, lo cual limita aún más las escasas posibilidades de ahorros y de inversión. Entonces, superar la pobreza se torna cada vez más difícil, pues el desarrollo se basa en el ahorro y la inversión, y como ahorrar implica sacrificar el consumo presente en favor del futuro, ningún pobre estaría dispuesto a tal sacrificio, pues se condenaría a la muerte.

 

Dinero caro, tipo de cambio y pobreza

 

Otra medida esencial para enfrentar la pobreza pero que confronta dificultades es lograr bajar el costo del dinero (bajas tasas de interés), pues a pesar de que el dinero barato estimula la inversión, aplicar hoy esa medida implica por lo menos tres problemas: desalienta el ahorro, genera inflación y fugas de capital. Si desalienta el ahorro, se estanca la inversión y el empleo; si produce inflación genera descontento popular y si genera fugas de capital afecta la balanza comercial y de pagos y a la inversión misma.

 

Por todo lo anterior, los gobiernos se ven obligados a mantener una tasa de interés elevada lo cual afecta especialmente a las micro, pequeña y mediana empresas dado que éstas no tienen acceso a préstamos internacionales.

 

También es difícil un tipo de cambio que estimule al sector externo de la economía sin afectar a la población y a sectores empresariales, pues el dinero internacionalmente barato (devaluación), a pesar de que en determinadas circunstancias tiende a incrementar las exportaciones y a disminuir las importaciones, lo cual equilibra la balanza comercial y mejora la economía en su conjunto, encarecen la vida de la población y las compras de los empresarios al aumentar los precios de los productos importados.

 

Además, en nuestros países la devaluación (instrumento de política económica normal en otros países) es un tema tabú que tiende a dañar la imagen del Gobierno.

 

Asimismo, una política de bajos aranceles, aunque a la larga tiende a mejorar la economía en su conjunto al bajar el precio de los productos importados (incluyendo comestibles e insumos), en lo inmediato genera descontento en los productores nacionales y en los trabajadores, pues temen ser desplazados por la competencia extranjera.

 

Lo anterior implica aumentar los impuestos al consumo y a la renta, de forma que sustituyan los ingresos que dejará de percibir el fisco por el desmonte arancelario. Esto desestimula la inversión y el consumo, por lo que esa medida encuentra siempre de frente a la población y a los empresarios. Por último, en un sistema fiscal tan débil como el de los países pobres, una baja en los aranceles reduce las recaudaciones del fisco, por lo que muchos gobiernos se resisten a bajarlos.

 

El problema tecnológico

 

Un problema grave que tienen que enfrentar nuestros gobernantes es que la nueva economía basada en las altas tecnologías, restan cada vez mas importancias a los recursos naturales y a la mano de obra barata, las cuales eran las principales fuentes de ventaja comparativa de que disponíamos.

 

Además, la nueva economía se caracteriza por su rapidez, y en la medida que se incremente su aceleración, nuestros países podrían perder inversiones y contractos al verse apartados de los mercados víctimas de los efectos de la aceleración. El problema esencial radica en que a nuestros países les sorprendió la revolución post-industrial, sin haber logrado desarrollar sus posibilidades industriales. Entonces, con menos ventajas disponibles y retrasados tecnológicamente, la solución a la pobreza se torna cada vez más difícil.

 

Pero un problema aún mayor es que la “imitación tecnológica”, que permitía acortar la distancia en el desarrollo, ya no es posible, pues los países o empresas creadoras de nuevos productos y procesos se amparan en las patentes comerciales para impedir la “pirateríacomercial”. Hoy, en todos los acuerdos comerciales, donde más presión hacen los países industrializados, es en el respeto al derecho de propiedad intelectual. En cambio, durante la guerra fría las potencias tecnológicas permitían, por razones políticas, que determinados países pobres ubicados en áreas de conflictos, se apropiaran de ciertas tecnologías de punta sin que reciban la presión que recibimos hoy. Entonces, con tecnologías caras y de difícil acceso, los países pobres se ven obligados a desarrollar una producción basada en tecnologías de quinta y sexta categoría, lo cual nos saca de competencia en los mercados internacionales y contribuye a reproducir el circulo vicioso de la pobreza.

 

Nuevas reglas de juego comercial

 

Otros factores dificultades el desarrollo son las nuevas reglas del juego comercial impuestas por la Organización Mundial del Comercio, las cuales exigen la erradicación de la protección a la producción nacional, lo que elimina hoy una ventaja que fue usada por los países desarrollados para su despegue económico.

 

También, los nuevos modelos de desarrollo impuestos por los piases industrializados exigen una disminución radical de la participación del Estado en la economía, asignándole un papel pasivo de vigilancia en donde las leyes del mercado operen libremente, eliminando así otra importante ventaja en la ecuación competitiva. No es un secreto que los países ricos y los asiáticos crecieron con una alta participación estatal. La esencia del problema radica, en que las nuevas reglas del juego comercial implican renunciar al poder del Estado como promotor del desarrollo, antes de haber tenido la oportunidad de utilizar ese poder plenamente.

 

Por su parte, la inversión extranjera, esencial en el modelo de desarrollo actual, sólo va adonde le ofrecen bajos salarios, bajos aranceles y bajos impuestos, pero lograr esas condiciones implica aplicar políticas que perjudican a sectores votantes y empresariales. Además, las naciones competidoras, es su afán por disminuir el desempleo y mejorar la balanza de pagos ofertan condiciones todavía más bajas, lo que convierte la lucha por atraer inversión extranjera en una “lucha por la miseria”.

 

A todo lo anterior hay que agregarle la pesada carga de la deuda externa, la débil estructura empresarial, la falta de disciplina social y económica, la arraigada cultura de la corrupción, la falta de un sistema judicial confiable, la no continuidad de las políticas de desarrolló, la concentración de las riquezas y del capital, la falta de institucionalidad general y el ser subdesarrollados en sí mismo que representa la mayor retranca para salir de la pobreza.

 

Finalmente, si se logran aplicar medidas desarrollistas, sus resultados dependerán de lo que pase en el resto del mundo, pues la interdependencia global ha hecho que los resultados de nuestras políticas económicas dependen de lo que pase a lo interno de países o empresas globales que nuestros gobernantes no pueden controlar, porque son todavía prisioneros de la geografía. Así, la lucha contra la pobreza depende cada vez más de la voluntad de los países y empresas que controlan la economía mundial.

 

El problema de la distribución del ingreso

 

También, los gobiernos se enfrentan a los siempre delicados problemas de la distribución del ingreso, pues tienen que decidir entre inclinar la balanza en favor de los sectores productivos o en favor de los pobres. Si lo hacen en favor de los pobres, con el bajo nivel de ingreso que perciben, de seguro que cualquier aumento en los ingresos será para gastarlo en los bienes y servicios que no tienen. Esto genera inflación y presiona la prima del dólar, lo cual genera aumento desproporcionado de precios que principalmente afectan a los más pobres.

 

En cambio, los sectores productivos tienen un nivel de ingreso tan elevado que sólo tienen dos alternativas: o invierten los recursos, o los ahorran. Si los ahorran, contribuyen a bajar las tasas de interés, lo cual facilita la concesión de préstamos en favor del crecimiento económico, si los invierten provocan una expansión en los negocios, en la productividad y en el empleo, lo cual a largo plazo favorece la disminución de la pobreza.Así pues, si el Gobierno opta por el crecimiento económico favoreciendo a los sectores productivos, lo hace en detrimento de los pobres, lo cual genera descontento popular y posibles derrotas electorales.

 

¡Populismo o desarrollo!

 

Entonces, los presidentes se ven en las disyuntivas de, o aplicar medidas positivas para la economía de resultados a mediano y largo plazo, pero recibir el rechazo de la población votante en las elecciones; o aplicar un programa populista que facilite la reelección pero que sea lesivo a la economía en su conjunto. Los gobiernos de los países asiáticos no se enfrentaron con esa alternativa, puesto que eran dictaduras que no necesitaban ganarse el voto popular.

 

Pero lo dramático de lo que acabamos de exponer es que los efectos negativos de las estrategias de desarrollo, amenazan con hacer retornar el populismo, pues ante su desgracia, los pobres no vacilarán en respaldar a los políticos que le prometan beneficios inmediatos, aunque esto afecte las reales políticas de desarrollo, que siempre funcionan a largo plazo. La disyuntiva entonces es: ¡O populismo o desarrollo!

 

Gedeón Santos (Tomado de su libro:  “El PLD Frente a la Pobreza y la Globalización“)