¿Cómo enfrentaron la Pobreza los Tigres Asiáticos?

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Como se explicó en el primer capítulo, a pesar de que la mayoría de los países pobres iniciaron su proceso de industrialización con el fin de alcanzar el desarrollo, sólo un pequeño grupo de países, encabezado por los llamados “Tigres Asiáticos”, ha alcanzado un considerable desarrollo industrial y logrado importantes éxitos en la lucha contra la pobreza; y un solo país, Japón, se ha colocado en la selecta lista de países altamente desarrollados. Pero, ¿Qué sucedió en esos países que lograron salir del punto muerto y romper el círculo vicioso de la pobreza?

 

Veinte principales medidas fueron tomadas: elevado ahorro interno, altos niveles de inversión, tasas de interés ligeramente positivas, bajo nivel de inflación, control de natalidad, bajo endeudamiento externo, moneda internacionalmente barata (devolución), bajos aranceles, políticas de exportación, reforma agraria, inversión extranjera, protección nacional, participaron del Estado, alta inversión en educación, imitación de tecnología y, sobre todo, crecimiento económico elevado y sostenido combinando con importantes niveles de equipo social. Además, una recia disciplina social, un respaldo decidido de los países industrializados, la   adopción de la idea de desarrollo y productividad como un proyecto nacional y determinadas características políticas y culturales que los favorecieron. Todas estas medidas estaban encaminadas a lograr las tres principales estrategias, contra la pobreza un desarrollo industrial, un elevado nivel de empleo y un alto nivel de productividad.

 

 

Desarrollo y distribución del ingreso

 

El primer rasgo distintivo del modelo de desarrollo asiático en su lucha contra la pobreza es que demostró que el crecimiento económico puede ser compatible con una mejor distribución del ingreso durante todas las fases de transición desde una economía atrasada a una economía moderna.

 

El mejor ejemplo nos lo ofrece Taiwán, país cuya distribución del ingreso era para 1950 tan desfavorable como la de los demás países pobres; pero en las dos décadas siguientes de rápido crecimiento económico se produjo una considerable mejoría. En el período comprendido entre 1964 y 1979 la participación en los ingresos del 20 por ciento de las familias más pobres se incrementó desde el 7,7 al 8,6 por ciento, mientras que la participación en los ingresos del 20 por ciento de las familias más ricas disminuyo del 41,1 al 37,5 por ciento. Es decir, los pobres aumentaron más de prisa sus ingresos que los ricos en el mismo período de crecimiento.

 

Otra medida importante contra la pobreza fue la reforma agraria, la cual creó una nueva clase de propietarios agrícolas que modificó la distribución de la propiedad y afectó la distribución del ingreso. Así, el número de familias agricultoras en posesión de granjas de tamaño medio aumentó de 46 por ciento en 1952 al 76 por ciento en 1960, mientras que el de las familias arrendatarias disminuyó del 38 por ciento al 15 por ciento. Asimismo, el gobierno fomentó la creación de asociaciones de agricultores y facilitó ayuda en investigación, tecnología y crédito.

 

Desarrollo de capacidades propias

 

Un rasgo característico del crecimiento asiático fue que basaron su desarrollo en capacidades propias, en llevar a niveles internacionales los únicos recursos con que contaban: mano de obra, capacitación e infraestructura física, pues sabían que todo lo demás se puede conseguir fuera, se puede transformar y se puede reexportar. La experiencia les había demostrado que la inversión extranjera puede ser desleal e inestable, que se puede desmantelar con facilidad y trasladarse a otro país en corto tiempo, pero que la inversión nacional es más estable.

 

Así, estos países actuaron inicialmente sobre la premisa de que la “inversión dura” (infraestructura, capacitación, disponibilidad de recursos financieros) debe ser aportada por el gobierno; y que la “inversión blanda” (tecnología) la transfieren las compañías multinacionales. Su mayor tarea ha sido emplear sus propios recursos para comprar, imitar y adaptar nuevas tecnologías. Todo ello ha sido posible gracias a un altísimo ahorro interno.

 

Otra característica del modelo asiático es que han basado su desarrollo en un amplio consenso social, avalado por alianzas entre el sector privado.

 

Los trabajadores y el Gobierno, con un alto respeto por las reglas de juego estables; y sobre todo, tenían una creencia casi religiosa en la capacidad del Gobierno como coordinador y guía principal del desarrollo. En estos países el Estado es más que un ente de equilibrio en la economía: promueve, controla, prohíbe, invierte y premia o penaliza las actividades económicas. Así, la evidencia del Oriente asiático prueba la idea de que un alto grado de intervención estatal en la economía no es incompatible con el desarrollo económico.

 

Consenso social y dictaduras

 

Sin embargo, la evidencia demuestra que no todo fue bajo consenso, sino que el proceso se llevó a cabo bajo “dictaduras capitalistas” que en las primeras etapas de desarrollo, adoptaron medidas de fuerte control, sacrificando las libertades individuales y democráticas con el fin de imponer las prioridades colectivas. Es decir, los gobiernos asiáticos no escatimaban esfuerzo al tomar una medida que implicara sacrificio, pues sabían que no tenían que ganarse el voto popular. Pero también hay que admitir que estas dictaduras (diferentes de las latinoamericanas que eran en su gran mayoría oligárquicas e improductivas) se caracterizaban por ser desarrollistas, innovadoras y comprometidas con una mejor distribución del ingreso.

 

Una particularidad de los tigres asiáticos es que las empresas funcionan en un ambiente de gran protección y defensa de los interés nacionales. Los grupos económicos, especialmente los conglomerados industriales aúnan esfuerzos para desarrollar nuevas tecnologías, nuevos mercados, entrenamiento y capacitación, a fin de obtener del Gobierno el otorgamiento de ventajas. “Estos países se han desarrollado sobre la base de proteger determinadas industrias. Todos practican un comercio dirigido y subsidian las exportaciones. Conquistan y se reparten mercados y cuando sus competidores se quejan, emplean tácticas dilatorias”[1].

 

Coyuntura internacional favorable

 

También favoreció a los tigres asiáticos el hecho que imitaron el modelo Japonés y no el norteamericano. El modelo Japonés de desarrollo es austero, con alta equidad social y con innovaciones permanentes. El estilo norteamericano es consumista, con mala distribución del ingreso, con bajo crecimiento y con poca competitividad internacional.

 

Se puede decir que estos países fueron favorecidos por la coyuntura internacional en el momento de su despegue económico. En primer lugar, estos países iniciaron su desarrollo en un período de amplia apertura comercial y de crecimiento económico de los países desarrollados, en el que había lugar para países recién llegados con agresividad y deseo de competir. En segundo lugar, estos países estaban ubicados en una región de alto valor estratégico para Estados Unidos y el bloque occidental, pues su cercanía a China los hacia imprescindibles para la política de contención del comunismo durante la guerra fría, por lo que recibieron importantes ayudas, prestamos, tecnologías inversión y seguridad estratégica.

 

Y en tercer lugar, se cree que esta región estaba más obligada a desarrollarse que otras por el hecho que en su mayoría estaba compuesta por países sin recursos naturales, rodeados de amanezcas externas, que debieron enfrentar los retos del desarrollo a partir de guerras en las que fueron destruidos sus sistemas económicos los cuales tuvieron que reconstruir.

 

Cultura, religión y desarrollo

 

Finalmente, se puede decir, que es el desarrollo de los tigres asiáticos operaron profundas motivaciones religiosas y culturales, las cuales ponen por encima de lo individual la cohesión comunitaria, los esfuerzos colectivos y la reverencia a los mayores. Asimismo, ponen las obligaciones sociales por encima de los derechos ciudadanos, y creen en la virtud, el respeto de la autoridad, la disciplina, el liderazgo, en la confianza y en la frugalidad.

 

Esta cultura enseña a vivir con lo estrictamente necesario, pues cree que se es más rico en la medida en que se necesita menos. Para los asiáticos, estas virtudes son reverenciadas y practicadas como la fe, la esperanza y la caridad de los cristianos. Sin embargo, si bien estos motivadores espirituales ayudaron al desarrollo, fueron el afán de lucro y el deseo de imitar el estilo de vida de Estados Unidos y Europa lo que constituyó la principal motivación de los trabajadores y los empresarios asiáticos.

 

El éxito contra la pobreza

 

En resumen, el éxito de los tigres asiáticos contra la pobreza se debió a un crecimiento económico elevado, estable y sostenido que permitió un extraordinario aumento del nivel de empleo y de salarios. Este crecimiento a su vez se debió a una relación entre los ahorros del Gobierno y la sociedad, la inversión pública y privada, la acción del Estado y la productividad de las empresas.

Todo lo anterior se hizo acompañar de estrategias tales como inversión en educación, promoción industrial, incentivo a las exportaciones y cuidadosos manejos de las principales variables macroeconómicas: inflación, salarios, políticas fiscal, monetaria y cambiara, orientación del gasto, orientación del crédito, estímulo al sector agrícola, etc. Lo demás fue una secuencia lógica, es decir: se crearon ventajas competitivas, se entrenó y se calificó a la población trabajadora, se utilizó el alto nivel de ahorro para la compra de tecnologías industriales foráneas, se aumentó la inversión pública y privada y se sentaron las bases para exportar y reexportar productos terminados de alto valor agregado.

 

Pero el elemento que rompió el círculo vicioso de la pobreza fue el aumento del nivel de vida de la población, el cual alteró el orden establecido que reciclaba la pobreza produciendo más pobreza.

 

Gedeón Santos (Tomado de su libro:  “El PLD Frente a la Pobreza y la Globalización“)