Bolivia, Entre La Reforma Y La Pobreza

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Análisis Internacional

 

El 6 de agosto de 1997, se juramentó como nuevo presidente de Bolivia el ex dictador, general Hugo Banzer, quien había ganado las elecciones generales de ese país el pasado primero de junio del mismo año. Sin embargo, ¿Qué importancia tiene ese acontecimiento para América Latina? ¿Qué le pasó al pueblo boliviano que decidió respaldar a un ex dictador a quien se le acusa de haber matado a más de 200 bolivianos, exiliado a más de 19,000 personas y arrestado a más de 14,000? ¿Qué lecciones se pueden extraer de lo que se ha producido en el segundo país más pobres de America?

 

En agosto de 1985, tras el cuarto mandato del presidente Víctor Paz Estenssoro, se inició en Bolivia un ensayo del nuevo modelo económico que sería proyectado en toda América Latina.

 

Ese nuevo modelo es el “Consenso Washington”, que consiste en la ejecución de diez instrumentos simultáneos de política económica propiciado por los Estados Unidos y por los organismos internacionales.

 

Este modelo no es más que una variante modificada del modelo neoliberal que se aplicó en toda América Latina a través de la adopción de la economía de libre mercado.

 

Los promotores de este modelo creen que a través de la adopción de la economía de libre mercado la región puede logar el crecimiento hacia fuera a través de instrumentos como: apertura comercial y financiera, estabilidad monetaria y cambiaria, desregulación de los mercados internos, flexibilización laboral, privatización de empresas y demás servicios

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estatales, reforma del Estado y normalización en el cumplimiento de los compromisos externos. Bolivia fue el país elegido como laboratorio para el ensayo, pero luego el modelo paulatinamente pasó a ser asimilado por los demás países del Continente.

 

Desde inicio, el proyecto internacional se enfrentó en Bolivia a una profunda crisis general, pues para 1985, el 82 por ciento de la población rural de su país vivía en situación de pobreza y el 52 por ciento en extrema pobreza, el 62 por ciento de la población urbana también vivía en la línea de la pobreza. Un 78 por ciento de las viviendas no disponían de servicios sanitarios y un 61 por ciento no tenía acceso a agua potable en condiciones adecuadas. Asimismo, los precios habían subido alrededor de un 24 mil por ciento y un dólar se compraba por un millón de pesos en el mercado paralelo.

 

Además, el narcotráfico, la corrupción y una marcada desigualdad social caracterizaban a la sociedad boliviana. A esto se le sumaba la inestabilidad institucional que había producido 190 golpes de Estado después de la independencia.

 

Pero desde que se comenzó a aplicar el modelo, Bolivia ha cosechado importantes resultados macroeconómicos pues de 1989 a 1996 ha logrado un crecimiento económico promedio de 3,5 por ciento anual, ha bajado la inflación hasta un 7,9 por ciento; logró aumentar la inversión extranjera de 35 millones de dólares a 540 millones de dólares, las exportaciones han llegado hasta mil 300 millones de dólares y ha logrado disminuir su deuda externa en mil 900 millones de dólares.

 

Sin, embargo, después de superar la hiperinflación y la inestabilidad institucional, Bolivia mantiene un cuadro de desigualdades sociales y pobreza que las reformas neoliberales lo que han hecho es agravarlo, pues el modelo todavía no ha logrado traducir los logros macroeconómicos en logros sociales.

 

Doce años después de las reformas, la pobreza afectaba al 70 por ciento de la población, y ese porcentaje aumenta hasta el 94 por ciento en el área rural.

 

Esa pobreza se manifiesta en una aguda carencia de servicios, especialmente de saneamiento básico, educación y salud. En la mayoría de las provincias de ese país sólo el 24 por ciento de la población cuenta con instrucción educativa. Esa realidad social fue que llevó al General Banzer de nuevo al Poder, pues a pesar de todo, Bolivia es todavía considerada como la nación más pobre del continente después de Haití.

 

Entonces uno se pregunta, ¿sobrevivirá la democracia entre tanta pobreza y marginalidad? ¿Logrará el “Consenso Washington” lleva r a Bolivia hacia el desarrollo? Sólo la historia tiene la respuesta, pero la realidad de la pobreza en ese país es tan dramática, que cualquier proyecto de desarrollo que no incluya soluciones inmediatas que mejoren la calidad de vida de la población, está llamado a hacer crisis, pues al ritmo que va el crecimiento económico, el modelo tardaría décadas en traducir las mejoras macroeconómicas en soluciones sociales.

 

Mientras tanto, a Bolivia y toda América Latina parece que no les queda otro camino que no sea el de aceptar y aplicar ese modelo aunque sus lentos resaltados reivindiquen a dictadores como el general Hugo Banzer.

 

Los latinoamericanos debemos darle seguimiento al proceso boliviano pues, puede aportarnos importantes experiencias en la aplicación del “Decálogo Washington” que de alguna manera, parabién como para mal, se está aplicando en todos los países de América Latina.

 

Gedeón Santos