Análisis Económico de la Migración

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¿Qué pasa cuando emigrantes, por ejemplo, del sur de rentas bajas llegan al Norte de rentas altas? ¿Quién gana y quién pierde?

 

El primero que gana es el emigrante, quien recibirá un salario cinco o diez veces superior al de su país de origen, así como mejores servicios de salud, educación, transporte, seguridad social, etc.; aunque esto le cueste una alta inversión económica y el dolor de dejar a su familia para establecerse en un lugar desconocido y a veces hostil.

 

Del lado del país exportador de emigrantes, el análisis económico plantea que los empresarios pierden, pues tendrán que pagar salarios más altos al escasear la mano de obra calificada. Se ha planteado que los países exportadores de emigrantes ganan consiguiendo que emigren los desempleados crónicos, los que viven del Estado y los delincuentes. Liberándose así de una carga fiscal neta, mediante la emigración. Pero la emigración casi nunca adopta las citadas características, pues los emigrantes acostumbran a salir de las filas más dinámicas y productivas de la sociedad.

 

Por el lado del país receptor, ganan los empresarios quienes con la abundancia de mano de obra pagarán salarios más bajos, lo que a su vez permitirá bajar el precio de los productos favoreciendo así al consumidor. Gana además el Estado el cual recibirá el pago de impuestos de trabajadores en los cuales no invirtió ni un centavo. Sin embargo, pierden los trabajadores nacionales, porque los inmigrantes competirán con estos, vendiendo su fuerza de trabajo a precios bajos.

 

Se plantea también que las remesas constituyen una pérdida para el país receptor porque producen fugas de divisas que afectan a la balanza de pagos, pero el dinero que envían los emigrantes a sus países de origen representa apenas un por ciento mínimo de sus ingresos, pues tienen que pagar impuestos, vivienda, alimentación recreación, deudas anteriores y ahorrar si pueden. Entonces, de todo el análisis anterior se puede interferir, que pese a las trabas impuestas por los países a los emigrantes, el gran ganador neto en un proceso de migración es el país exportador, pierden el empresario, el consumidor y el Estado, en tanto que sólo gana el emigrante.

 

Un argumento de peso que se opone al análisis anterior es que éste parte de supuestos, que no necesariamente se dan hoy en los países exportadores de emigrantes, pues el análisis supone que los recursos de la economía están plenamente empleados y que la disminución o aumento de uno afecta el otro y viceversa. Pero los países subdesarrollados se caracterizan por la desocupación de los factores productivos, especialmente el de los seres humanos.

 

Estos países nos se enfrentan a la elección de emplear al trabajador en una actividad o en otra, pues tienen tantos recursos humanos desocupados, que pueden fácilmente transferir esos recursos sin que se afecte considerablemente al resto de la economía.

 

Cualquiera que sea el análisis sobre la migración, la historia ha demostrado siempre que ha habido una conexión directa entre la inmigración y el crecimiento económico de los países receptores. Cada flujo de inmigrante ha actuado como un poderoso impulso en el crecimiento de la inversión, la renta y el empleo; Pues ya sea que la migración estimule el crecimiento económico o que el crecimiento estimule la migración, la contribución de los emigrantes al desarrollo económico ha sido obvia.

 

Entonces, si la migración genera beneficios tanto al país emisor como para el receptor ¿porqué  cada día crecen las trabas para el emigrante?

En los países de destino, los prejuicios étnicos, la xenofobia y muy especialmente los intereses directos de sindicatos y otros grupos de presión, los cuales temen a la competencia de los inmigrantes, mantienen un clima hostil en contra de la inmigración.

 

La mayoría de los países receptores de inmigrantes orientan sus políticas migratorias hacia favorecer la entrada de cerebros, mientras que rechazan a los inmigrantes no calificados, los cuales son más propensos a sufrir desempleo, a solicitar ayuda estatal, a la delincuencia y a la formación de guetos. Así, los países receptores, lejos de dar la bienvenida  los miserables rechazados por su propia tierra, alzan la antorcha de la libertad a los científicos, artistas y técnicos calificados, produciendo costos obvios para los países exportadores de emigrantes.

 

Gedeón Santos